domingo, 13 de febrero de 2011

Relexiones sobre el evangelio del Domingo 13 de Febrero.


"ESO DE NO MATAR"

Bueno, eso de no matar ya se nos ha hecho tan rutinario que casi ni nos llama la atención. Alguien me preguntaba con ironía: “¿A cuántos han matado hoy?” Claro que los periódicos solo traen aquellos a quienes han matado con pistola, con fusil o, simplemente, con un raticida. Pero el “no matar” de Jesús creo que va mucho más lejos, no se queda con solo aquellos a quienes matamos con las armas y los sepultamos luego. Hay muchos vivos a quienes estamos matando cada día. Esos no salen en las páginas de los periódicos:¿A cuántos matamos cada día con nuestras críticas, murmuraciones, calumnias? Claro, como no hemos utilizado la pistola, eso saca poco ruido.
Pero en el fondo son maneras de matar a los demás sepultándolos en el cementerio de nuestro corazón. Están muertos dentro de nosotros.¿A cuántos matamos con nuestras injusticias? Inocentes que no tienen con qué pagar un abogado y condenamos a la cárcel para que se pudran toda su vida. ¿Quién se preocupa de sacarlos de esa muerte en vida?¿A cuántos matamos con nuestros desamores, nuestras infidelidades? ¡Cuántos corazones que un día se declararon amarse para toda la vida, hoy están muertos por la infidelidad, los malos tratos, los silencios, las palabras de violencia o simplemente por el abandono!¿Acaso no matamos las ilusiones y esperanzas de unos hijos con nuestras peleas en casa o con las amenazas de divorcio?¿Acaso no estamos matando a esos jubilados que se mueren antes de conseguir la jubilación que han estado pagando toda su vida? ¿O que ahora tienen que vivir con una pensión de hambre?No.
No se mata sólo con las armas de fuego o las armas blancas. Se mata con la lengua, se mata con la injusticia, se mata con la miseria y el hambre, se mata matando el amor que un día floreció en primavera.Se mata cuando matamos los corazones, cuando matamos las ilusiones, cuando matamos las esperanzas. Por algo Jesús nos dice: “Pero yo os digo: “Todo el que esté peleado con su hermano será procesado.” O le llama “imbécil” o “renegado”. Hay muchos muertos a los que llevamos a los cementerios, pero hay más muertos que todavía siguen caminando por la calle, porque dentro alguien los mató. A estos no los sentenciarán los jueces, pero Dios será el juez a quien no podemos corromper.

EL ADULTERIO DEL CORAZÓN
No siempre el adulterio se comete con el cuerpo. El cuerpo no es adúltero, adúltero es siempre el corazón. Adultera puede ser nuestra mente.
Conviene precisar y aclarar nuestras dudas de conciencia. El hecho de que te guste otra u otro, y hasta te pase por la cabeza cualquier aventura, mientras no la consientas con tu voluntad sigues siendo fiel. Incluso pudiéramos decir que es de virtuosos superar nuestros deseos o luchas interiores por un sentido de fidelidad y de coherencia con nuestra vida. Como también tenemos que reconocer que somos infieles si aceptamos esa tentación, por más que no logremos realizarla físicamente. Por eso decimos “que hemos pecado de pensamiento, de palabra y de acción”.
El pecado no es el sentir sino el consentir. Las moscas en verano suelen ser siempre bien impertinentes y parece les encanta nuestra nariz. Y ahí las tenemos, pero con la mano la espantamos. Trabajo inútil porque regresan y las vuelves a espantar. Las has sentido en tu nariz, pero no la has consentido.
Lo mismo sucede con nuestros pensamientos, imaginaciones. Son moscas de verano en nuestras mentes y en el corazón, pero ahí está nuestra voluntad diciendo no. Como sentimos las moscas en la punta de la nariz también sentimos esos pensamientos, pero no hay consentimiento. Por tanto, pensamientos, imaginaciones o deseos no consentidos con la libre voluntad en modo alguno son pecados. Sentir tentaciones es normal, hasta Jesús fue tentado, pero nos dio el ejemplo de su fidelidad rechazando la tentación. Ser fieles a Dios y a la gracia es la misión de todo cristiano, también de los santos.

ALMAS CON MARCAPASOS
Hoy son muchos los que necesitan llevar un marcapasos que regule las funciones de nuestros corazones debilitados. Gracias a ellos, la gente puede seguir viviendo y trabajando.
José Luís Martín Descalzo tiene un lindo artículo sobre el marcapasos que le pusieron, “porque ya su corazón parecía que ya no podía con su alma” y, con el humor que le caracterizaba, añadía: “Ahí tengo en mi corazón dos muletas que le van indicando a mi corazón cuándo y cómo debe latir. Por eso ahora llevo dos corazones.”Él mismo se pregunta si no sería bueno que los hombres llevásemos un “marcapasos del alma”. “A mi marcapasos le han ordenado que haga marchar a mi corazón a 72.9 pulsaciones por minuto. Y lo consigue: 72.9 exactas. Oh, Dios, deja que mi alma no se amodorre: que, marche con tu ayuda, con dos muletas, a 72.9 actos de amor por minuto.”
Físicamente el corazón se nos puede cansar y espiritualmente, también el alma se nos cansa, se nos duerme. Nuestro corazón se toma demasiadas siestas y se olvida de amar y hasta cambia de ritmo. Nos imaginamos que llevando nuestra ofrenda al altar ya hemos cumplido, pero el Señor nos dice lo contrario, nos pone un marcapasos y nos dice que si nos “acordamos de que nuestro hermano tiene quejas contra nosotros, dejemos allí mismo la ofrenda delante del altar, y vayamos primero a reconciliarnos con el hermano y solo entonces volvamos a presentar nuestra ofrenda”.
Todos estamos necesitados de ese marcapasos del alma que se llama perdón, reconciliación y amor porque sólo así nuestro culto y nuestra ofrenda será grata al Señor, que si no llegamos a hacer 72.9 actos de amor, al menos pudiéramos hacer uno. El amor es el mejor marcapasos del cristiano porque nos marca el ritmo de nuestro amor fraterno, incluso de reconciliarnos con el hermano que tiene quejas contra nosotros. ¿Alguien ha dejado su ofrenda delante del altar y ha regresado a hacer las paces con su hermano? La comunión es el marcapasos que Dios pone en nuestro corazón para que amemos todo el día y todos los días.

NO TE COMPARES CON NADIE
Tenemos la manía de compararnos con los demás. Los demás nunca pueden ser nuestra medida. Además, compararte con alguien puede despertar en ti o bien el orgullo de sentirte más o la tristeza de sentirte menos.Dios no nos ha dicho que “seamos como los demás”. Dios nos ha dicho “que seamos lo que somos”, “que seamos nosotros mismos”.
No soy mejor por sentirme más que tú, ni soy peor por sentirme menos que tú. Cada uno tiene que buscar su felicidad “siendo él mismo”.Jesús nos dice “si no sois mejores que los escribas y fariseos…” En primer lugar, porque tanto unos como otros vivían demasiado de las apariencias, su rigorismo no era precisamente una virtud sino una manera de exhibicionismo religioso.
Cada uno conoce la gracia que ha recibido de Dios. Cada uno es bueno en la medida en que responde a esa gracia. Si yo he recibido más gracia que tú, no puedo contentarme con lo que tú eres. Si tú has recibido más gracia que yo, no puedes contentarte con ser como yo.
Es Dios quien nos marca nuestra propia estatura espiritual. Es Dios quien nos propone nuestra meta y medida. Somos buenos o malos en la medida en que llegamos a esa estatura y a esa meta.
Lo que son los demás puede ayudarnos a superarnos a nosotros mismos, pero también puede ayudarnos a quedarnos más achatados porque nos ayudan a quedarnos en la mediocridad. Nuestras vidas no pueden ser indiferentes ante los demás pero no para ser como ellos sino para aprender de ellos.

VALORATE A TI MISMO
Nuestro primer deber es reconocer nuestra dignidad.
Nuestra primera obligación es amarnos como Dios nos ama.
Quien quiera achatarnos y hacernos sentir que no somos nada y que no valemos nada, lo único que hace es achicar el corazón de Dios.
La verdadera pedagogía del crecimiento personal no es hacernos sentir como una basura, sino enseñarnos a descubrir nuestra grandeza y nuestro verdadero valor.
¿Te das cuenta ahora de lo valioso que eres y lo valiosos que son todos los demás?
La cosa no está como para tratarnos como basura y tampoco para que tratemos como basura a los demás.
Lo que tú ves basura, Dios lo ve gracia.
Si te valoras, te sentirás mejor contigo mismo.
Si te valoras, te apreciarás mejor a ti mismo.
Si te valoras, estarás más a gusto contigo mismo.
Si te valoras, te amarás más a ti mismo.
Si te valoras, te sentirás mejor delante de los demás.
Si te valoras, podrás seguir soñando en la vida.
Te apuesto que nunca te valorarás lo suficiente.
Porque tu verdadero valor lo pone Dios.
Dios es quien pone el verdadero precio de tu vida.
No te fíes tanto de lo que piensan y dicen de ti los demás.
Escucha más en tu corazón lo Dios piensa de ti.

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