sábado, 13 de noviembre de 2010

Programa:"Paz en la tormenta", Mièrcoles de 18 a 19 hs.


Programa:"Vocesitas de la calle" Viernes de 16 a 17 hs.


Programa: "Noche de avivamiento" Martes 21 a 22.30hs. Por tu comunidad del aire.


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo segùn San Lucas 18,1-8

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 18, 1-8

Jesús enseñó con una parábola que era necesario orar siempre sin desanimarse:«En una ciudad había un juez que no temía a Dios ni le importaban los hombres; y en la misma ciudad vivía una viuda que recurría a él, diciéndole: "Te ruego que me hagas justicia contra mi adversario".Durante mucho tiempo el juez se negó, pero después dijo: "Yo no temo a Dios ni me importan los hombres, pero como esta viuda me molesta, le haré justicia para que no venga continuamente a fastidiarme"».Y el Señor dijo: «Oigan lo que dijo este juez injusto. Y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que claman a Él día y noche, aunque los haga esperar? Les aseguro que en un abrir y cerrar de ojos les hará justicia.Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?»

Compartiendo la Palabra
Por CELAM - CEBIPAL

Perseverar en la oración“Dios hará justicia a los elegidos que le gritan”El relato de los leprosos (Lc 17,11-19) fue también una catequesis sobre la oración, éste aparece antes (“ten misericordia”, v.13) y después de la curación (“glorificaba... se postró... daba gracias”,v.15-16). Pues bien, lo mismo notamos con relación al discurso de la revelación de Jesús en la historia, este discurso está enmarcado por dos relatos de oración: el que acabamos de mencionar y el que leemos hoy, la parábola de la “viuda importuna” (Lc 18,1-8).La dilación del tiempo final, que ya esta aquí pero todavía no se revela completamente (ver Lc 17,20-37), hace más agudo el combate entre el bien y el mal. En medio de los conflictos de la historia, el discípulo debe ser perseverante en su caminar tomando la Cruz. Bajo esta luz, la parábola de la viuda, nos enseña cómo debe ser una experiencia de oración en medio de la prueba. En el fondo sentimos resonar una inquietud profunda y dolorosa que asalta con frecuencia nuestra fe: ¿Dónde está la justicia de Dios? ¿Por qué su silencio parece permitir que se prolonguen las injusticias y se agudice el sufrimiento de las víctimas?En medio de todo, las víctimas de las injusticias humanas parecieran no ser escuchadas. ¿Por qué Dios tarda tanto en responder y en hacer irrumpir su soberanía de manera definitiva sobre el mundo?Se confrontan dos personajes:- La viuda: que pertenece a este grupo de mujeres frágiles, sobre las cuales se cometen abusos legales, ya que no tienen un marido que las defienda. Ella no tiene como sobornar al juez ni pagar abogados (ver Isaías 1,17.23; Salmo 94,60).- El juez: normalmente tenía su despacho en la puerta de la ciudad, todo el mundo tenía acceso a él. Pero éste era “injusto”: “no temía a Dios ni respetaba a los hombres” (v.2).Según la parábola, la mujer no tiene otro recurso para convencer al juez, para doblegar su corazón, que su insistencia (v.3).Al final el juez cede: “como esta viuda me causa molestias, le voy a hacer justicia para que no venga continuamente a importunarme” (v.5). Estas palabras causan extrañeza: no actúa por amor, ni por cumplimiento de deber, sino más bien por egoísmo: “para no que no me fastidie más”. De hecho, la mujer está que le pega.Jesús nos invita a reparar en lo que dice el juez injusto (v.6) y de ahí concluye que, si un hombre en la tierra es así, es decir, que a pesar de su mal corazón al final concede lo pedido -no importa que sea por una razón poco valedera-, entonces ¿cómo será Dios cuyo corazón es misericordioso? Pues sí, Dios con mayor razón responderá, pero... todo tiene su tiempo. Jesús lo dice así: “Y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que están clamando a él día y noche, y les hace esperar?” (v.7). Este tiempo será “pronto” (v.8a).De esta forma la oración es el ejercicio de la fe, que a su vez nos da una visión de esperanza en medio de las dificultades. La oración ensancha el corazón para seguir amando y da nuevas energías para continuar luchando. Mucha gente se escandaliza con Dios y pierde la fe cuando tiene que enfrentar problemas, y sobre todo, cuando no ve la respuesta inmediata a sus peticiones. Por eso Jesús se pregunta: “Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará la fe sobre la tierra?” (v.8b). Y no olvidemos que al leproso la “fe” lo “salvó” (ver 17,19).Aunque parezca que Dios tarda y esta paciencia divina torture nuestro corazón, no debemos dejar que nuestra vida se relaje. Más bien, con los brazos abiertos aguardando el glorioso futuro, dejemos que la oración cotidiana y perseverante le de tensión a nuestra vida. Cuando hoy Jesús nos dice que “es preciso orar siempre sin desfallecer” (v.1) y nos presenta como modelo a esta pobre mujer, sintamos nuevos alientos para no abandonar una fuerte vida de oración, no importa que los resultados se hagan esperar.
Para cultivar la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón:

El evangelio de hoy nos presenta en el rostro de una mujer a la Iglesia vigilante en oración hasta la vuelta del Señor. Incluso en la Iglesia primitiva se pintó en las catacumbas la imagen de una mujer orante de la cual no sabemos con precisión si es María o es la Iglesia o, a lo mejor, ambas en su misteriosa identidad.

1. ¿Cuáles son los tiempos y los modos que mi parroquia o mi comunidad me ofrece para ejercitar una oración frecuente?
2. ¿Consigo sostener una disciplina de oración? ¿Me canso fácilmente? ¿Soy inconstante?
3. Cómo se responde a la inquietud profunda: ¿Dios verdaderamente hace justicia?

martes, 2 de noviembre de 2010

Conmemoraciòn de todos los difuntos...


El pensamiento de la muerte nos enfrenta a un hecho sobre el que tenemos una seguridad y muchas inseguridades. La seguridad de que moriremos. Las inseguridades de no saber cuándo, ni cómo, ni dónde. Y a todo esto se añade la mayor de todas las inseguridades: ¿hay vida después de la muerte? Y si hay vida ¿en qué consiste esa vida? ¿Cómo será esa vida? ¿Feliz? ¿Desgraciada? Demasiadas preguntas, todas ellas demasiado graves.Desde nuestra fe religiosa, sabemos que la muerte no es el final, sino el paso a otra vida. Pero la fe religiosa no es evidencia, ni seguridad. La fe nos da confianza. Pero una confianza que no suprime las preguntas, ni las dudas, ni las oscuridades. La única seguridad que nos da el Evangelio es ésta: tenemos que centrar y concentrar nuestro interés, nuestras preocupaciones y nuestros esfuerzos no en “mi felicidad” para la “otra vida”, sino en la “felicidad de todos” en “esta vida”. Cuando la muerte se ve como el paso de las miserias de este mundo a la felicidad del cielo, esa visión de la muerte puede justificar la inmolación de un terrorista o, al menos, puede fomentar la desidia del que se desinteresa por el dolor del mundo, ya que lo que importa es la dicha del cielo. Éste es el peor servicio que las creencias religiosas pueden hacer a la humanidad.Esta bien visitar los cementerios el día de los difuntos. Está bien recordar a nuestros seres queridos que murieron. Pero lo más apremiante que nos debe recordar el día de los difuntos es que, ahora mismo, hay en el mundo más de ochocientos millones de seres humanos a los que les espera una muerte temprana e injusta. Una muerte que no esta lejos y que se podría evitar. Una muerte espantosa porque espantoso tiene que ser morir de hambre. Es desagradable añadir mas tristeza a la natural tristeza del día de los difuntos. Pero es más humano pensar que a los difuntos ya no podemos hacerles otra cosa que honrar su memoria. Lo mas humano sería sustituir el día de todos los muertos por el día de todos los moribundos, cuya muerte se podría retrasar, dignificar o, en todo caso, aliviar.

lunes, 1 de noviembre de 2010

La Iglesia hoy celebra la Fiesta de todos los Santos.



SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOSPor Fr. Santiago Agrelo Martínez

Lo escribió Juan, el vidente de Patmos; lo escribió para una Iglesia sumida en la oscuridad de la prueba, verdadera noche sobrevenida a los fieles ante la demora en el retorno del Señor y la experiencia amarga de la persecución sufrida y de la muerte. Los ojos del vidente fueron para aquella Iglesia testigos del futuro: “Vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar… vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos”.Él vio con los ojos para que nosotros viéramos con la fe. La de hoy es una fiesta para la contemplación, para “ver” la obra de Dios en los hombres, la muchedumbre inmensa de los redimidos, la gloria del cielo.Hoy, a la luz de la fe, contemplamos el futuro de la Iglesia: la bienaventuranza de los Santos es la nuestra en esperanza.Hoy la voz de la Iglesia que aún peregrina en la tierra se une en un solo cántico de alabanza a la voz de la Iglesia que ya goza de Dios en el cielo: “¡La salvación es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero!” De Dios y del Cordero son la gracia y la misericordia, la justicia y la santidad, la paz, la dicha y la gloria.Ya sabes de dónde viene la luz que hace blancos los vestidos. Pero, ¿quiénes son ésos que has visto iluminados por la salvación? “Estos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus mantos en la sangre del Cordero”.Estos son los que vienen de la noche en la que tú peregrinas; estos fueron Iglesia de los caminos antes de ser Iglesia del cielo; estos fueron y son hijos de la noche e hijos de Dios, pobres a los que Dios regala su Reino, pequeños a los que Dios consuela, pecadores a los que Dios perdona, leprosos a los que Dios limpia, hambrientos saciados de justicia y de misericordia, operadores de paz reconocidos como nacidos de Dios.Para esta Iglesia que conoce de cerca la noche de su pasión, la impotencia frente a la injusticia, el grito de los pobres, la fatiga de buscar un pan que llevar a la mesa del hambriento; para esta Iglesia que da la vida por poner dignidad, humanidad, respeto y justicia en la vida de los humillados; para ella son las palabras de su Señor, del que es su salvación: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré”.A él, a Cristo, han ido los hoy contemplas como multitud en la gloria del cielo. A él, a Cristo, vamos en la eucaristía los que hoy celebramos la salvación que en Cristo se nos ha dado. A él vamos, en él descansamos, para volver a llevar pan a las mesas y dignidad a las vidas.Feliz día de Todos los Santos, Iglesia peregrina. Feliz contemplación de lo que tu Señor prepara para ti, para tus pobres. Feliz encuentro con Cristo, feliz descanso en Cristo.
Una forma de vivir

Posted: 31 Oct 2010 08:32 PM PDT
Solemnidad de Todos los Santos, 1 de noviembre de 2010Por José Mª CastilloEvangelio: Mt 5, 1-12a

Jesús dijo en las bienaventuranzas pensando en su comunidad de discípulos y, por tanto, dirigiéndose a ellos. Las bienaventuranzas, dichas a todo el mundo, o sea a personas que ni conocen el proyecto de Jesús, ni eso les interesa, son un mensaje que carece de sentido. Es más, no sólo no tienen sentido, sino que las bienaventuranzas, como mensaje para quien no coincide con lo criterios que configuran las comunidad cristiana, son un contra-sentido. ¿Qué sentido puede tener decir a los pobres, a los que sufren, lloran y se ven perseguidos, que ellos son los “dichosos”, los que se deben sentir felices en este mundo?Las bienaventuranzas expresan los efectos sorprendentes y las inesperadas consecuencias que produce el mensaje del Evangelio cuando éste llega a ser la “convicción” que determina la vida de un grupo humano. Un grupo que se rige y organiza su vida a partir de lo que vivió y dijo Jesús, es un espacio humano en el que se producen hechos increíbles: los pobres dejan de ser unos desgraciados y se sienten felices, los que sufren y lloran encuentran el remedio para sus males. Los perseguidos y calumniados se dan cuenta de que el odio y la maldad de los demás no les hacen daño y que vale la pena pasar por encima de todo eso. Porque la dicha que se vive en la comunidad de discípulos vale más que cualquier otra cosa.Si efectivamente las bienaventuranzas expresan los frutos que se producen en una comunidad de personas que creen en Jesús y los siguen entonces hay que llegar a la conclusión de que Jesús no pensó ni pudo pensar, en que su mensaje podría (y tendría que) abarcar a toda la sociedad. Porque es absurdo pensar que toda la sociedad va a pensar así y va a vivir así. Una religión puede configurar a una sociedad entera, a una cultura, a millones de personas. Las bienaventuranzas no pueden abarcar tanto. Para eso sería necesario modificar la condición humana. El cristianismo y la iglesia han preferido la “extensión” a costa de la “autenticidad”. Hablamos de más de mil millones de cristianos. Pero, realmente, ¿somos tantos? Los pobres “cristianos”, ¿son felices?; ¿y los que sufren y lloran?, ¿qué hemos hecho del Evangelio? Mera palabrería vacía de contenido.

1 de Noviembre: Fiesta de todos los Santos
Posted: 31 Oct 2010 07:44 PM PDT

Publicado por Evangelio del Día

La fiesta de hoy se dedica a lo que san Juan describe como «una gran muchedumbre que nadie podía contar, de todas las naciones, tribus y lenguas»; los que gozan de Dios, canonizados o no, desconocidos las más de las veces por nosotros, pero individualmente amados y redimidos por Dios, que conoce a cada uno de sus hijos por su nombre y su afán de perfección.Hay quien pone reparos a éste o aquél, reduce el número de las legiones de mártires, supone un origen fabuloso para tal o cual figura venerada. La Iglesia puede permitirse esos lujos, un solo santo en la tierra bastaría para llenar de gozo al universo entero, y hay carretadas.¡Aquellos veinticuatro carros repletos de huesos de mártires que Bonifacio IV hace trasladar al Panteón del paganismo para fundarlo de nuevo sobre cimientos de santidad! Montones, carretadas de santos, sobreabundancia de cristianos de quienes ni siquiera por aproximación conocemos el número, para los que faltan días en el calendario.Por eso hoy se aglomeran en la gran fiesta común. Los humanamente ilustres, Pedro, Pablo, Agustín, Jerónimo, Francisco, Domingo, Tomás, Ignacio, y los oscuros: el enfermo, el niño, la madre de familia, un oficinista, un albañil, la monjita que nadie recuerda, gente que en vida parecía tan gris, tan irreconocible, tan poco llamativa, la gente vulgar y buena de todos los tiempos y todos los lugares.Cualquiera que en cualquier momento y situación supo ser fiel sin que a su alrededor se enterara casi nadie, cualquiera sobre quien, al morir, alguien quizá comentó en una frase convencional: Era un santo. Y no sabíamos que se había dicho con tanta propiedad. Cristianos anónimos que a su manera, a escala humana, se parecían a Cristo.La solemnidad de Todos los Santos nació en el siglo Vlll entre los celtas la Iglesia nos propone esta Visión de gloria al comienzo del invierno, para invitarnos a vivir en la esperanza de una primavera, más allá de la muerte. Quiere también que caigamos en la cuenta de nuestra solidaridad con cuantos han pasado al mundo invisible.Festejamos con alegría a los Santos, pues creemos «que gozan de la gloria de la inmortalidad», en donde interceden por nosotros. Cada Santo vive intensamente la visión de Dios y su amor, mas su conjunto forma una ciudad, «la Jerusalén celeste», un Reino abierto a cuantos vivan de acuerdo con las Bienaventuranzas. Son la Iglesia del cielo.La Gloria de los «Santos, nuestros hermanos», procede de Dios, cuya imagen reproduce cada uno de ellos de una manera única. Por consiguiente, al venerarlos, proclamamos a Dios «admirable y solo Santo entre todos los Santos». Todos fueron salvados por Cristo, todos nacieron de su costado abierto. Este es el motivo por el que el lugar por excelencia de comunión con los Santos es la Eucaristía.En ella les santificó el Señor Jesús con la plenitud de su amor»; en ella podemos también nosotros suplicarle con humildad a Dios que nos haga pasar «de esta mesa de la Iglesia peregrina al banquete del Reino de los cielos».

sábado, 30 de octubre de 2010


Lectura Lucas 19:1-10. Domingo de Zaqueo el Publicano.

La tercera lectura presenta un hecho que le aconteció a Jesús en la señorial ciudad de Jericó, en donde abundaba la gente rica y donde se pagaban muchos impuestos.

En aquel tiempo, habiendo entrado en Jericó, atravesaba la ciudad. Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos, y rico.Trataba de ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la gente, porque era de pequeña estatura. Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, pues iba a pasar por allí.
Y cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzando la vista, le dijo: "Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa."Se apresuró a bajar y le recibió con alegría. Al verlo, todos murmuraban diciendo: "Ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador."Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: "Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré el cuádruplo."Jesús le dijo: "Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abraham, pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido."

Zaqueo era públicamente un hombre marginado, despreciado y acaso temido, Por eso el geto de Jesús se orienta a entender que todos los hombres tienen salvación y que basta gestos de amistad para que conviertan sus vida. Declara que la salvación ha entrado en su cosas y que todos los hijos de Dios están llamados a repetir la historia de hombres convertido.La iglesia y todas las comunidades de los seguidores de Jesús, tienen el riesgo de pensar que los hombres pecadores deben ser apartados, que no son dignos de gozar de los beneficios y de las gracias del cielo. Jesús dice lo contrario. Y sale en defensa del pecador cuando la gente murmura por que ha entrado a hospedarse en casa de un pecador.El gesto de Jesús desafiaba muchas de las normas que imponían los fariseos y los sacerdotes del templo: no tocar a los impuros, no tratar con los paganos, no comer sin lavarse, no hacer miles de cosas que los hombres normales hacen.+ + + + + + + + +

Es admirable la actitud de Jesús de ser el que se adelanta a tratar con un hombre odiado por todos, porque era el jefe de los recaudadores de impuestos. Jesús le transforma en otro hombre y anuncia que El ha venido a salvar. No le importan a Jesús los comentarios de la gente ni los prejuicios de los hipócritas. Le importan los pecadores que hay que llevar de nuevo al buen camino.Las formas de Jesús para aproximarse a todas las personas son las que la Iglesia y los que quieren salvar a los hombres del mal, debe imitar en sus actividades. Hay que estar más allá de lo que diga la gente que se cree buena para llevar al buen camino a los descarriados a los que los demás hombres consideran malos y pecadores, pero que acaso no lo sean tanto ante los ojos de Dios.Por eso es un modelo de amistad y de misericordia el dialogo que Jesús mantiene con Zaqueo en esta lectura. Al pasar “levantó Jesús la vista y le dijo: Zaqueo, baja en seguida, que hoy tengo que alojarme en tu casa”.Y es admirable la reacción de Zaqueo, que bajó deprisa del árbol y le preparó un banquete para celebrar esa para él inesperada amistad.El encuentro con Jesús terminó con las buenas disposición de Zaqueo y con la afirmación de Jesús de que la salvación había ya entrado en la casa del nuevo discípulo, del recién convertidoEl texto no especifica los motivos que tenía Zaqueo para querer encontrarse con Jesús: ¿curiosidad? ¿Los comentarios de la gente? ¿la fama por los prodigios realizados? Es probable que Zaqueo buscaba sabe si Jesús había ya pagado los tributos que los romanos exigían a todo judío. En una ocasión ya se los habían pedido en Galilea y Jesús había pagado de una forma original: indicando a Pedro que fuera a pescar un pez y que sacara de su boca la moneda del tributo. Sin embargo el resultado que Jesús quiso que hubiera en aquella ocasión fue la conversión de un explotador, de un “jefe de publicanos”, el cual residía en la importante ciudad de JericóNo basta con tener buenos deseos, no basta con tener intenciones altruistas, no basta con tener sentimientos generosos: es necesario actuar, es necesario pasar de las palabras a los hechos. Zaqueo lo hizo y prometió ante Jesús que devolvería lo que fuera, si es que había robado a alguien… Jesús le recompensó con un signo de amistad: “entrar en su casa y aceptar una comida”. Y no le importó los que murmuraba de él. Es más les advirtió que El no había venido al mundo para salvar a los buenos, sino para levar por el buen camino a los malos.+ + + + + +La figura del jefe de publicanos convertido en amigo de Jesús es muy significativa. Hay personas que tienen mala fama y no son tan malos. Y hay personas que tienen buena fama, y acaso no la merecen. Hay personas que tienen una experiencia negativa de Dios y de las cosas de la religión y se debe a una mala forma o alguna herida que arrastran. Y hay que ser comprensivos con ellos y entrar en su casa para comer a su lado. No son ni ateos, ni pecadores, ni malos. Son solamente alejados.Hay que saber acocarse a ellos para llevarles luz, paz y consuelo. Es lo que hizo y enseñó Jesús. Y lo que enseñó a hacer. Y para ellos hay que hacer oídos sordos a los chismosos que murmuran de la generosidad, como era mucha gente que vio cómo Jesús entre en la casa de Zaqueo, que se escandalizaban por la generosidad del Maestro.La profunda transformación en la vida de Zaqueo es lo que podemos denominar con la tradición cristiana, la “conversión del pecador”. Dios no quiere que el pecador muera, sino que arrepienta y viva. El mensaje de Jesús es claro. Por eso los seguidores de Jesús hacen lo posible por conseguir que todos se acerquen al buen camino. Y no hay buen camino si no conduce a Jesús.

domingo, 24 de octubre de 2010

Evangelio del Dia 24 de Octubre...

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 18, 9-14

Refiriéndose a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, Jesús dijo esta parábola:Dos hombres subieron al Templo para orar; uno era fariseo y el otro, publicano. El fariseo, de pie, oraba así: «Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago la décima parte de todas mis entradas».En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: «¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!»Les aseguro que este último volvió a su casa justificado, pero no el primero. Porque todo el que se eleva será humillado, y el que se humilla será elevado.
Compartiendo la PalabraPor Pedro Garcia cmfNo dice nada el Evangelio de Lucas sobre la reacción del público que escuchaba a Jesús cuando narró la parábola que hoy nos propone la Iglesia: la del fariseo y la del publicano. Pero podemos imaginarnos que la gente sencilla del auditorio se moría de risa; y los fariseos, por el contrario, estaban que se recomían por dentro.Porque Jesús, con un humor simpático de verdad, pintaba ante todos el defecto más grande de aquellos dirigentes del pueblo, los cuales, teniéndose por santos, despreciaban a los otros porque eran todos unos pecadores malditos.Ahora viene Jesús, y con ironía despiadada, dice todo lo contrario, pues es como si dijera:- ¡Fariseos, cuidado!... ¡Pecadores, tranquilos!...Pero, pasemos a la parábola de Jesús.* Un fariseo y un publicano coincidieron en el templo y ambos se pusieron a orar. Uno y otro rezan en voz audible, como solían hacerlo con naturalidad.El publicano se coloca delante, para que todos lo vean. Y de pie, como era costumbre. Además, como es un santo, no tiene por qué humillarse ni ante Dios; al contrario, se puede presentar sólo con obras excelentes. Y así, empieza a decir, con los ojos bien altos hacia el cielo:-¡Gracias, oh Dios, porque no soy como los demás hombres, ladrones, injustos, adúlteros..., y menos como ese publicano que está allí detrás! Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo.No sabía qué más inventar para alabarse a sí mismo y poner contento a Dios.La gente que escuchaba a Jesús debía estar gozándola en grande: ¡Así, así rezan los fariseos!... Y se decían después: A ver, a ver cómo rezaba el publicano...Porque el publicano era un personaje muy interesante. El publicano, o cobrador de tributos, era considerado como un pecador público, ladrón y sacrílego, pues los cobradores de impuestos robaban lo que podían y además estaban al servicio de Roma, pueblo pagano y opresor del pueblo de Dios. En el Israel de entonces, los pecadores públicos eran, entre las mujeres las prostitutas, y entre los hombres los publicanos. Por lo mismo, ahora Jesús va a hablar de la oración de estos pecadores.Y con sonrisa compasiva, cariñosa, comprensiva, prosigue Jesús:- ¿El publicano? Ni se atreve a ponerse de pie, sino que se impone una postura desusada: se inclina hacia el suelo, no alza la vista de pura vergüenza, y toda su oración consiste en una confesión y una sola invocación, que va repitiendo mientras se golpea el pecho: ¡Señor, ten misericordia de mí, que soy un pecador!...La gente comprende, y respira feliz:- Así rezamos nosotros, porque no podemos presentar las obras buenas de los fariseos.Pero Jesús añade con seriedad muy grave:- Os aseguro, que este publicano salió del templo y se fue a su casa perdonado y hecho un santo, a diferencia del otro... *Aunque Jesús no quiso seguir denunciando más, pero se entendía muy bien lo que ahora aseguraba:- El otro, el fariseo, se marchó con todos sus pecados, además de uno nuevo más grande encima, como era el de una soberbia intolerable delante de Dios. Porque, debéis tener presente, que todo el que se ensalza será humillado, mientras que el que se humilla será ensalzado.¿Qué nos enseña esta parábola de Jesús, tan simpática, y tan seria?... Contiene lecciones profundas y fundamentales para la vida cristiana.Primera lección, que la salvación es completamente gratuita.No son nuestras buenas obras lo que podemos presentar ante Dios, sino nuestra nada y nuestro pecado.Dios da la gracia al humilde que se reconoce culpable.Nosotros acogemos esa gracia de Dios, y con ella hacemos después las obras buenas que Dios nos pide y nos manda, pero que son más de Dios y de su gracia que de nuestro esfuerzo.Gloriarse de las obras propias es atribuirse la salvación a sí mismo, y esto Dios no lo puede tolerar.Segunda lección. Lucas nos ha avisado que Jesús dijo la parábola porque veía cómo algunos despreciaban a los que consideraban pecadores.¿Quiénes somos nosotros para juzgar al hermano?Ese pecador de hoy puede que sea el día de mañana, una vez vuelto a Dios, un santo de categoría excepcional. El que sabe decir: ¡Señor, ten compasión de mí, que soy un pecador!, ya empieza a ser un santo, que a ver hasta dónde llegará...Una conocida escuela moderna de perfección cristiana mantiene a sus candidatos durante mucho tiempo, meses y quizá años, con sola esta oración: ¡Señor, piedad!... ¡Señor, que soy una pecadora!...Como Dios se vuelca hacia los humildes, esos que se reconocen pecadores suben después a una oración muy alta.¡Señor Jesucristo, corona y premio de los humildes!Tú mismo proclamaste la humildad de tu Corazón amante,y nos dijiste que aprendiéramos de ti.¿Por qué no me das a mí la gracia de ser humilde de corazón?...

sábado, 23 de octubre de 2010

Evangelio del Dìa 23 de Octubre...

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 13, 1-9

En cierta ocasión se presentaron unas personas que comentaron a Jesús el caso de aquellos galileos, cuya sangre Pilato mezcló con la de las víctimas de sus sacrificios. Él respondió:«¿Creen ustedes que esos galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera. ¿O creen que las dieciocho personas que murieron cuando se desplomó la torre de Siloé eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera».Les dijo también esta parábola: «Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar frutos y no los encontró. Dijo entonces al viñador: "Hace tres años que vengo a buscar frutos en esta higuera y no los encuentro. Entonces córtala, ¿para qué malgastar la tierra?" Pero él respondió: "Señor, déjala todavía este año; yo removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré. Puede ser que así dé frutos en adelante. Si no, la cortarás"».
Compartiendo la PalabraPor CELAM - CEBIPALNo aplazar la conversión“Si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo”El pasaje de hoy nos invita a no aplazar la conversión. La invitación del Señor ha resonado, no podemos echarla en saco roto.Con tres exhortaciones, Jesús nos hace el llamado:(1) En Lc 13,1-3: A partir del caso de la masacre protagonizada por Pilato, Jesús saca como enseñanza: “Si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo” (12,3).(2) En 13,4-5: A partir del caso de la tragedia de la torre de Siloé, Jesús dice: “Si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo” (13,5).(3) En 13,6-9: Con la parábola de la higuera que no produce frutos, Jesús recalca el mismo mensaje anterior y se le coloca un límite a la paciencia con aquél que es renuente a la conversión.Ayer vimos cómo Jesús nos educaba en la lectura de los “signos de los tiempos” y hoy vemos cómo el mismo lo realiza.Jesús toma dos acontecimientos de la primera plana de las noticias frescas del país, descubre en ellas la voz de Dios que le advierte a cada uno sobre la inseguridad de su propio destino y, finalmente, con el método de la reflexión parabólica, anuncia la misericordia (y longanimidad) del corazón de Dios, pero también su justicia. Es como si nos dijera: “El hecho que todavía estés aquí es una oportunidad que Dios te está dando. Él te ha tenido paciencia. Pero no abuses de la misericordia de Dios. Llegará un tiempo en que ya no podrás hacer nada”.1. La masacre obrada por Pilatos (13,1-3)Aunque la historia no lo confirma con absoluta certeza (pero hay algunos datos), Pilato reprimió a un grupo de terroristas zelotas judíos con un acto de público escarmiento. El procurador romano tenía sus métodos para deshacerse de personas sospechosas de atentar contra su autoridad. Pero Jesús no está, en este caso, haciendo una reflexión sobre si en el acontecimiento hubo alguna injusticia, sino sobre el hecho de que, puesto que ninguno puede decir que es una persona completamente “justa”, todos necesitan arrepentirse.2. El accidente del edificio de Siloé (13,4-5)La muerte puede llegar por mano de otras personas –como el caso de Pilato- pero también por un accidente. Este es el caso de una tragedia dolorosa que los de la época no podían olvidar (el lugar todavía puede ser identificado en el valle Cedrón, al pie de la ciudad de David).Tampoco aquí Jesús está reflexionando sobre “dónde está Dios en las calamidades de la naturaleza”, sino en el hecho de que las calamidades individuales no indican responsabilidades individuales, éstas más bien son “signos”, esto es, avisos del juicio divino que amenaza a una humanidad pecadora.Hay que corregir la idea simplista según la cual las enfermedades y las calamidades le ocurren a uno como un castigo de Dios por un pecado concreto; hay que ver el asunto al revés: en realidad es el pecado en general el responsable del mal que hay en el mundo.3. La parábola de la higuera (13,6-9)Jesús nos dice: “Si Ustedes no se arrepienten, serán derribados y perecerán, como la higuera estéril”. Dentro de un sembrado, todo árbol que no sirve, que simplemente ocupa espacio, es abatido.Jesús interpela a todo aquel que está siempre dejando “para mañana” las decisiones importantes de la vida, particularmente la conversión, el dejar definitivamente un mal hábito, el corregir una conducta dañina.El retraso de la conversión nos coloca en una situación peligrosa. El Señor da un tiempo de espera, y no lo hace de brazos cruzados, Él hace todo lo que puede para que por fin la higuera comience a fructificar. Pero al final, “si no da fruto, se corta” (13,9).Recordemos la predicación de Juan Bautista: “Dad, pues, frutos dignos de conversión... ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego” (3,8-9).
Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón1. ¿Por qué mucha gente ve algunos accidentes como “castigo de Dios”? ¿Dios es responsable de los males de la naturaleza?2. ¿Por qué el propietario de la higuera estéril es tan paciente?3. La paciencia de Dios no quita la urgencia: ¿Cuál es finalmente el mensaje del evangelio de hoy? ¿Cómo llevarlo al campo de la evangelización?
“Aspira a lo celeste, que siempre dura;fiel y rico en promesas, Dios no se muda”(Santa Teresa de Jesús)

miércoles, 20 de octubre de 2010

Evangelio del Dia 20 de Octubre...

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 12, 39-48

Jesús dijo a sus discípulos: «Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora va a llegar el ladrón, no dejaría perforar las paredes de su casa. Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre llegará a la hora menos pensada».Pedro preguntó entonces: «Señor, ¿esta parábola la dices para nosotros o para todos?»El Señor le dijo: «¿Cuál es el administrador fiel y previsor, a quien el Señor pondrá al frente de su personal para distribuirle la ración de trigo en el momento oportuno? ¡Feliz aquél a quien su señor, al llegar, encuentra ocupado en este trabajo! Les aseguro que lo hará administrador de todos sus bienes.Pero si este servidor piensa: "Mi señor tardará en llegar", y se dedica a golpear a los servidores y a las sirvientas, y se pone a comer, a beber y a emborracharse, su señor llegará el día y la hora menos pensada, lo castigará y le hará correr la misma suerte que los infieles.El servidor que, conociendo la voluntad de su señor, no tuvo las cosas preparadas y no obró conforme a lo que él había dispuesto recibirá un castigo severo. Pero aquél que, sin saberlo, se hizo también culpable será castigado menos severamente.Al que se le dio mucho se le pedirá mucho; y al que se le confió mucho se le reclamará mucho más».

Compartiendo la Palabra
Por CELAM - CEBIPAL
Servidores responsables“¿Quién es, pues, el administrador fiel y prudente…?”Continuamos en la misma línea de ayer, pero –como siempre- dando un paso hacia delante. La actitud de la “vigilancia”, tal como la vimos, se le pide a todo discípulo del Señor, quien quiera él sea. En cambio hoy, la atención se centra de manera particular en la vigilancia propia de los líderes de las comunidades.También el texto de hoy tiene dos parábolas, siempre en torno al tema de la vigilancia:(1) La primera, que se titula “del amo de la casa” (12,39-40).(2) La segunda, que se titula “del administrador fiel y prudente” (12,41-48).Como conclusión de la primera parábola, la más breve, resuena el imperativo: “¡Estad preparados!” (12,40).Jesús trae a colación algo que constatamos perfectamente hoy: la preocupación por la seguridad. Vemos incremento en la vigilancia privada, sofisticación de las cerraduras de las puertas y de las alarmas para las casas y los carros, afán por tener un seguro para cuanto implemento tenemos, etc. ¿Quién no quiere proteger sus pertenencias?Lo extraño es que no sabemos estar preparados para el momento en que otro ladrón irremediablemente llega: la muerte. La venida del Señor tiene esta gran característica: es imprevisible.Sin embargo, Jesús dice: “¡Estad preparados!” (12,40). No nos ha dicho que nos pongamos a calcular la hora, eso de nada sirve. Lo que nos pide es que estemos trabajando y que lo hagamos lo mejor posible. De esta forma la vigilancia se convierte en una ética de la responsabilidad de nuestras realidades cotidianas. Hay que evitar un pietismo que nos lleve a olvidarnos de nuestras obligaciones.Si miramos el evangelio en el versículo 41, veremos que a Pedro no le quedó claro si la parábola se aplicaba solamente a todos los discípulos o más bien a los líderes de la comunidad. Por eso viene la segunda parábola (12,41-48) que transporta la misma exigencias del “¡Estad preparados!” en el asumir las responsabilidades típicas de un animador de la comunidad, a quien Jesús llama “el administrador fiel y prudente” (12,42).Como vimos en la parábola de ayer, también ésta se desarrolla en dos partes:(1) Las características del administrador “fiel y prudente”: sabe que los bienes no son suyos, no es tacaño ni rígido, sabe hacer que alcance para todos la comida (12,42). Éste recibirá la “bienaventuranza” de su Señor (12,43) y se le concederán funciones de mayor responsabilidad en la comunidad (12,44).2. Las características del administrador “infiel”: primero se descuida en la vigilancia, se da buena vida, se aprovecha de las circunstancias; luego, ya no sabe dirigir la comunidad, se pone agresivo y se olvida de los demás. Primero se olvida de sí mismo y luego de los demás (12,45). El castigo es todavía mayor (46-48ª).La parábola concluye con la moraleja: “A quien se le dio mucho se le reclamará mucho; y a quien se confió mucho, se le pedirá más” (12,48b). Si los dones que el Señor nos da van creciendo junto con nosotros, ¡cuánto más tendremos que crecer en nuestro sentido de la gratitud y de la responsabilidad!

Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón.
1-¿Qué debe caracterizar a un “líder” de comunidad?
2-¿Cuál es la enseñanza de cada una de las parábolas de hoy?
3- ¿Qué le dice a un discípulo del Señor? “¡Estad preparados!”
¿Cómo se hace la preparación?
“Eleva tu pensamiento, al cielo, por nada te acongojes, nada te turbe”(Santa Teresa de Jesús)

domingo, 17 de octubre de 2010

17 de Octubre, Evangelio de nuestro Señor Jesucristo!!!

La insistencia de la viuda

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 18, 1-8

Jesús enseñó con una parábola que era necesario orar siempre sin desanimarse:«En una ciudad había un juez que no temía a Dios ni le importaban los hombres; y en la misma ciudad vivía una viuda que recurría a él, diciéndole: "Te ruego que me hagas justicia contra mi adversario".Durante mucho tiempo el juez se negó, pero después dijo: "Yo no temo a Dios ni me importan los hombres, pero como esta viuda me molesta, le haré justicia para que no venga continuamente a fastidiarme"».Y el Señor dijo: «Oigan lo que dijo este juez injusto. Y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que claman a Él día y noche, aunque los haga esperar? Les aseguro que en un abrir y cerrar de ojos les hará justicia.Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?»
Compartiendo la PalabraPor Pedro Garcia cmfDe nuevo que nos encontramos con un Evangelio muy poco llamativo, pero que, sin embargo, nos da dos lecciones importantes a más no poder: la fe y la oración.Comienza Jesús narrando una parábola muy sencilla. Cuenta algo de lo que ocurría entonces, igual que ocurre hoy: los ricos tienen todas las puertas abiertas, porque hay dinero entre medio, y los pobres tienen que aguantarse porque son muy pocos los que se cuidan de ellos gratuitamente.Le pasó a aquella pobrecita mujer viuda. Le habían robado en el testamento de su marido, se le debía una cantidad, y acudía continuamente al abogado y juez:- ¡Señor, atiéndame! ¡Que se me haga justicia! ¡Mire que no tengo nada, se me debe tanto, y no hay manera de que me den lo mío!...El juez era un tipo sin ningún escrúpulo de conciencia. No le importaba nada ni de Dios ni de los hombres. Atendía cuando le venía bien, era estupendo con los clientes de dinero, y a los demás que se los lleve el diablo si quiere... Así hacía con esta pobre viuda. Hasta que al fin se dijo, con la misma expresión familiar nuestra:- Ni Dios ni nadie me importan un pepino; pero esta mujer ya me tiene harto. O le arreglo el asunto, o me vuelve loco.La cosa acabó bien para la pobre mujer, gracias a su importunidad, y ganó el juicio que tenía pendiente durante tanto tiempo... Jesús mismo saca la consecuencia, y nos dice:- ¿Os dais cuenta cómo habla el juez malo? Entonces, ¿cómo no os va a escuchar Dios, que es bueno, si no paráis de pedirle? Tened presente que es necesario orar siempre sin cansarse nunca.La primera lección sobre la oración está bien clara.Pero ahora viene el Evangelio y añade todo seguido esta palabra e interrogante de Jesús, que mira ya a su segunda venida a la tierra el último día: - Y cuando yo vuelva, ¿encontraré fe en la tierra?...No digamos que esta lección de Jesús en este Evangelio no es de actualidad suma.¡Oración, oración, oración!... Somos muy pobres —más que aquella viuda—, y nadie nos va a remediar nuestros males, ni materiales ni espirituales. Sólo en Dios tenemos nuestra esperanza. Y Dios cede siempre a nuestra súplica humilde y constante.¡Y fe, fe, fe..., mucha fe en un mundo que está perdiendo el sentido de los valores eternos del espíritu!O miramos a Dios y a la vida futura, o no encontraremos ningún sentido a la vida presente.Oración y fe son inseparables. Quien cree, ora. Quien ora, no pierde la fe.Al enjuiciar la fe y la oración en nuestros días, queremos ser muy realistas y no nos dejamos llevar del pesimismo.Hay muchos sectores sociales que van perdiendo el sentido de Dios.En unos es la abundancia de dinero y de bienes materiales la causa de su incredulidad, más práctica que teórica. Ya saben que existe Dios. No lo niegan. Pero lo dejan de lado porque no lo necesitan. Si en la sociedad de bienestar tienen ya todo, ¿qué falta les hace Dios?...Otros, al revés, no quieren saber nada de Dios porque se ven abandonados, sin dinero, sin esperanzas de remediar su hambre y sus necesidades más perentorias. Y se dicen: Si Dios no me atiende, ¿por qué tengo que acudir a Él? Dios, para mí, como si no existiera...Y así, unos por mucho, otros por poco, el caso es que quien la paga es Dios...Esto ha pasado también a nivel social.El trasnochado comunismo atacó a Dios porque decían que la religión era el opio del pueblo. Y el comunismo, que aún sigue vivo en la cabeza de muchos, arrancó a Dios de las masas trabajadoras.El capitalismo salvaje no niega a Dios ni le interesa negarlo, pero lo arrincona por no necesitarlo.Y así el mundo, por culpa de un sistema o por otro, va perdiendo la fe.Pero Dios no ha muerto ni se duerme. Cuantos más estragos causa la falta de religión, más se manifiesta Dios en nuestros días. Y hoy se reza mucho, porque hay grandes sectores del pueblo que no se dejan arrancar la fe.Cada uno de nosotros le decimos a Dios con fe profunda:¡Dios mío! No me voy a cansar de importunarte, hasta que te canses de mí, si es que Tú te pudieras cansar...Te pediré todo lo que necesito. Te lo pediré mil veces. Te lo pediré, y te lo repito, hasta cansarte y aburrirte, porque Tú me enseñas a hacerlo así... Te lo pediré porque Tú eres muy rico y yo muy pobre que no tengo nada. Te lo pediré porque así rindo el mayor homenaje a tu bondad y a tu amor generoso.Y te pediré, sobre todo, no caer nunca en esos dos males modernos: la falta de fe y la falta de piedad. Sin fe, no te podría agradaren modo alguno. Sin piedad, demostraría que no te tengo por Padre mío.¡Señor, dame fe, aumenta mi fe! ¡Que la lámpara de la fe no se apague nunca en mi mente!¡Señor, dame piedad, dame espíritu de oración, enséñame a orar, dame ganas de orar!Con fe en mi cabeza y con oración continua en mis labios, con toda la luz y toda la fuerza del Cielo en mis manos, ¿quién será capaz de alejarme de ti, Dios mío?…

jueves, 14 de octubre de 2010

Mineros: Fè y espectàculo...

Esta mañan he asistido en directo a la liberaciòn de los cinco primeros mineros de Chile. Ha sido un sentimiento agridulce. Sin duda ha dominado la vivencia de una inmensa alegría. El sueño se estaba realizando ante mis ojos. Encerrados en el Fenix, esa cápsula de tamaño humano que se desliza por el tubo gracias a una polea, iban subiendo uno a uno estos seres humanos enterrados a setecientos metros bajo tierra. Se cumplía el milagro de solidaridad humana y tecnología que lo ha hecho posible. Los de “arriba” estaban salvando a los de “abajo” y emergían desde las tinieblas a la luz.Pero al mismo tiempo me invadía un cierto sentimiento de tristeza. ¿Por qué? El espectáculo mediático en directo estaba también minuciosamente preparado: la gran bandera de Chile, banderitas en la mano de los familiares, las televisiones de todo el mundo ocupándose de un desierto minero donde hasta ahora se ha vivido en situaciones tan precarias como para provocar este accidente. Incluso una microcámara servía las imágenes del interior en directo. Hasta el Real Madrid ha invitado a los mineros a ver un partido. La multinacional informática Apple tiene preparado 33 Iphone para estos pobres trabajadores que seguramente no pueden pagar ni la tercera parte de una tarifa plana. El show estaba servido.Es verdad que Chile es un gran país y merece que el mundo conozca esta gesta sin precedentes. Pero uno se pregunta qué va a ser la vida de estas familias de mineros cuando despierten de este montaje.Sin embargo lo que más me ha impresionado del rescate es el sentimiento común de fe de los que emergían. Fe humana para aguantar en aquel infierno, pese a las ayudas exteriores. Pero sobre todo fe religiosa. Todos hasta ahora daban gracias a Dios. Uno lo llevaba escrito en la camiseta. El presidente chileno se presignaba. ¿Que América Latina es un continente más religioso? Desde luego, pero hasta la locutora de CNN+ (De Prisa, con lo que lo digo todo) tuvo que reconocer en directo el fuerte componente religioso de estos mineros en su resistencia.En todo caso se me antoja que estos meses dentro de la mina han debido ser como una especie de ejercicios espirituales forzados. Las situaciones límite y el verse al borde de la muerte provocan siempre preguntas sobre la ultimidad, aparte de que sin duda Chile es un país mayoritariamente religioso. Por desgracia, entre nosotros, europeos de la secularización, provocaría escándalo un comportamiento así. No te digo nada si se persignara Zapatero.Por último me quedo con la parábola de mi primer comentario sobre los mineros. Cuando unos hombres se empeñan pueden salvar a otros hombres, por muy sepultados que estén. ¿Qué hay de los otros millones de sepultados por el hambre y la injusticia?

domingo, 10 de octubre de 2010

QUE NO ME OLVIDE, SEÑOR
De darte las gracias por lo mucho que me das y de esperar, cuando tardas en llegar
De darte las gracias por los detalles insignificantes, por los dones de tantas personas que recibo sin saberlo, por las sonrisas que por la calle se me regalan, por los rostros que no me son indiferentes.QUE NO ME OLVIDE, SEÑOR De ver tu mano allá donde sólo veo el mundo De abrir mi corazón a tu presencia De tener mis ojos despiertos a tu paso De abrir mis manos a quien lo necesita QUE NO ME OLVIDE, SEÑOR De cultivar la gratitud cuando tanto se me da De decir “gracias” por pequeñas o grandes cosas De agradecer la fe como don y como tarea De pedir cuanto necesite aunque no sea a la hora que yo lo espere QUE NO ME OLVIDE, SEÑOR De cuidar el corazón, con la vitamina de la gratitud De fortalecer mi fe, con el arma de la oración De robustecer mi alma, con savia de la caridad De curar mi espíritu, con mi confianza en Ti Amén.

Evangelio Misionero del 10 de Octubre...


LES DEVUELVE LA VIDA

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 17, 11-19

Mientras se dirigía a Jerusalén, Jesús pasaba a través de Samaría y Galilea. Al entrar en un poblado, le salieron al encuentro diez leprosos, que se detuvieron a distancia y empezaron a gritarle: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!»Al verlos, Jesús les dijo: «Vayan a presentarse a los sacerdotes». Y en el camino quedaron purificados.Uno de ellos, al comprobar que estaba sanado, volvió atrás alabando a Dios en voz alta y se arrojó a los pies de Jesús con el rostro en tierra, dándole gracias. Era un samaritano.Jesús le dijo entonces: «¿Cómo, no quedaron purificados los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿Ninguno volvió a dar gracias a Dios, sino este extranjero?» Y agregó: «Levántate y vete, tu fe te ha salvado».

Compartiendo la Palabra
Por Pedro Garcia.
Este Domingo nos trae un Evangelio muy aleccionador. Hemos visto muchas veces cómo la fe se hace amor, caridad, donación, sobre todo por medio del dinero, que no lo guardamos avaramente, sino que lo sabemos compartir con los más necesitados.Pero hoy vamos a ver cómo la fe se hace acción de gracias a Dios. Y nos lo va a decir el milagro que nos narra Lucas sobre los diez leprosos.Todos sabemos lo que significaba en Israel la enfermedad de la lepra. Como enfermedad, en todas partes era igual, pero en Israel resultaba trágica, pues la lepra era una enfermedad declara impura por la Ley, y el leproso debía permanecer separado del resto de la comunidad, sin ninguna convivencia social. A cualquiera que se le acercaba, le avisaba ya de lejos gritando: ¡Impuro! ¡Impuro!...Ante esta situación tan angustiosa, los leprosos solían reunirse y formaban pequeños grupos entre sí. La vida se les hacía de este modo más llevadera.Sin medios de curación, era una enfermedad crónica, hasta que llegara la muerte.¿Y si alguno se curaba o se creía curado? No era él quien lo diagnosticaba, sino el sacerdote, el cual comprobaba la sanación, y declaraba la limpieza total y la curación perfecta.Sólo en este caso, podía el que había sido leproso reintegrarse a la vida social.Ahora Jesús, cuando atraviesa con los discípulos aquellos campos de Galilea hacia Jericó para subir a Jerusalén, antes de entrar en una aldea oye que le gritan de lejos:- ¡Jesús Maestro, ten compasión de nosotros!Era un grupo de diez leprosos. Nueve judíos, y un samaritano. Judíos y samaritanos eran enemigos irreconciliables. No se podían ni ver. Pero la común desgracia une a estos pobres diez enfermos, olvidadas todas las rencillas.Guardan la ley de no acercarse, y Jesús les respeta su decisión. Por eso, les grita también de lejos:- Id a presentaros a los sacerdotes.Y, mientras van de camino, se encuentran todos limpios de la terrible enfermedad.Siguen ahora corriendo, locos de felicidad, cada uno hacia su casa. Nadie se acuerda de Jesús. Sólo el samaritano —el odiado samaritano, judío bastardo— piensa en su bienhechor, vuelve a Jesús, se postra de rodillas ante Él, mientras le dice temblando por la emoción:- ¡Gracias, Maestro, gracias!...Jesús valora este gesto, se emociona, y replica algo triste:- ¿Cómo? ¿No han sido diez los curados? ¿Dónde están los otros nueve? ¿A nadie de ellos se le ha ocurrido venir a dar gloria y las gracias a Dios, sino a este extranjero?...Tiende Jesús los brazos al que está postrado a sus pies, y le dice, casi conmovido:- Levántate y marcha bien contento. ¡Tu fe te ha salvado!...Nos atreveríamos a decir —con mucho cariño, desde luego— que Jesús, el bueno de Jesús, tiene que irse acostumbrando a lo que le va a pasar muchas veces en adelante: ¡a dar sin recibir!...Va a tener que repartir sus dones, sin que nadie venga después a agradecerle nada. Como los nueve curados, que se olvidan totalmente de quien les ha hecho el bien. Se creían con derecho a todo, y al verse con las manos llenas del beneficio de Dios, ni tienen la ocurrencia de decirle un ¡Gracias, Dios mío!...Esa será la conducta de muchos ante tantísimos dones recibidos de Dios. Para pedir, magníficos. Para agradecer, olvidadizos del todo.Con ello, faltan con Dios a una norma elemental de educación. La educación que se tiene con los hombres no se suele tener con Dios. Entre nosotros, un ¡Gracias! nos sale espontáneo de los labios ante cualquier favor que se nos hace.Lo aprendemos a hacer desde niños. Cuando al pequeño se le regala una cosita y no responde nada, la mamá, muy atenta siempre, le pregunta indefectiblemente: ¿Qué se dice?... Y el niño, algo avergonzadito de que se le repita de continuo la misma lección, contesta: ¡Gracias!...Esto lo vemos mil veces cada día. Porque no aceptamos socialmente una falta de educación que revela a su vez una falta del sentimiento más noble como es la gratitud.La Iglesia, como Iglesia, tiene una manera de actuar muy suya y muy constante. Porque la Iglesia reconoce el beneficio inmenso de la Redención, la liberación del pecado, a la cual no teníamos ningún derecho, sino que ha sido totalmente gratuita de parte de Dios.Entonces la Iglesia celebra alborozada la Eucaristía, la Acción de Gracias por antonomasia. Lo hace cada día, pero especialmente el domingo.Y, al verse liberada de la condenación merecida, nunca se le cae de sus labios el himno entusiasta: ¡Gloria a Dios en el Cielo!... ¡Te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial.Cuando se trata de oración, a todos nos iría bien tener un poco más de espíritu carismático: no pedir tanto, y alabar más y dar muchas, pero muchas gracias a Dios. En especial, nos iría bien el tener verdadera ansia de participar en la Eucaristía, de no dejar una Misa dominical, porque en ella tenemos, con Cristo presente, la Acción de Gracias más cumplida a Dios.Con lo bonito que es repetir todos juntos, hasta enronquecer: ¡Te damos gracias, Señor, de todo corazón!... ¡Gracias, Señor, aleluya! ¡Gracias, Señor!...