viernes, 25 de noviembre de 2011

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 21, 29-33



Jesús, hablando a sus discípulos acerca de su venida, les hizo esta comparación:
Miren lo que sucede con la higuera o con cualquier otro árbol, Cuando comienza a echar brotes, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano, Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas, sepan que el Reino de Dios está cerca.
Les aseguro que no pasará esta generación hasta que se cumpla todo esto., El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasaran.

Compartiendo la Palabra
Por Silvia Ugarte

Queridos Amigos:

El evangelio de hoy nos presenta a Jesús que continúa enseñando mediante ejemplos concretos, que son conocidos por las personas a las que se dirige. Añade algo nuevo pero en la misma línea que hablaba ayer: la llegada del Reino de Dios estará anticipada por las señales oportunas, del mismo modo que los frutos de los árboles anticipan el comienzo del verano. Esta conclusión empírica: relación entre frutos y llegada de la época estival, requiere mucha capacidad de observación y quizá también, un poco de curiosidad. Habrán sido –seguramente- muchos los años necesarios para llegar a ella.
Jesús empieza utilizando la palabra “fíjense”. Es curioso que la emplee, ya que podría haber hecho la comparación sin ella. Podría entonces intuirse que “fíjense” es parte clave de lo que quiere decir. Es una especie de invitación a que aprendamos a interpretar señales. El Reino ha llegado con Jesús, pero en plenitud estará el día final. No sabemos cómo será, pero seguramente no como lo imaginan algunos: con grandes catástrofes o la destrucción del mundo; Dios no eliminará la vida, sería como ir contra sí mismo.
Mientras el Reino acontece, nos queda ir descubriéndolo y viviéndolo. En la vida del día a día debemos descubrir su presencia, aprender a descifrarla (¡porque no es muy evidente! ¡Tantas veces experimentamos la presencia del antirreino!). Esto nos exige permanecer atentos, abiertos a las diferentes realidades, también a las que son nuevas. En fin, la relación con los demás, con el mundo y con Dios, nos llevará a experimentar que se hacen realidad las palabras de Jesús.

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