viernes, 11 de noviembre de 2011

Santo del Dìa.

Obispo
Conocido también como San Martín Caballero

Martín de Tours es uno de aquellos hombres que han hecho hablar de sí a muchas generaciones por haber sido protagonista de episodios aptos para despertar la fantasía popular. Es frecuente la narración del episodio de San Martín que, cabalgando envuelto en su amplio manto de guardia imperial, encontró a un pobre que tiritaba de frío, con gesto generoso cortó su manto y le dio la mitad al pobre. Por la noche, en sueños, vio a Jesús envuelto en la mitad de su manto, sonriéndole agradecido.

SAN MARTÍNMartín, hijo de un tribuno romano, nació en Sabaria, en Panonia, hacia el 315. A los quince años ya vestía el uniforme militar. El episodio del manto hay que colocarlo en este periodo, porque a los 18 años recibió el bautismo y abandonó la milicia para seguir a San Hilario de Poitiers, su maestro. Después de un breve noviciado de vida eremítica en la Isle Galinaria, Martín fundo dos monasterios: Ligugé, el más antiguo de Europa, y Marmoutier, que se convertiría en un gran centro de vida religiosa.

Después del paréntesis contemplativo, siguió el activo: Martín, elegido obispo de Tours, se convirtió en el grande evangelizador de Francia. Había sido, como se dice, soldado sin quererlo, monje por elección y obispo por deber. En los 27 años de vida episcopal se ganó el amor entusiasta de los pobres, de los necesitados y de cuantos sufrían injusticias, pero no era bien visto por los de su clero que querían vivir tranquilamente. De hecho fue acusado por un sacerdote llamado Bricio. Su respuesta fue proverbial: “¿Si Cristo soportó a Judas, por qué no debería yo soportar a Bricio?”

Murió el 8 de noviembre del 397 en Candes, durante una visita pastoral. Sus funerales, que tuvieron lugar tres días después, fueron una verdadera apoteosis; en ese día, el 11, se conmemora su memoria. Se puede considerar como el primer santo no mártir con fiesta litúrgica. Esa fecha quedó también como punto de referencia en los contratos de arrendamientos, de terrenos, de compraventas, en el mundo agrícola: “el nuevo vino se bebe en San Martín”, se dice todavía hoy en muchas regiones de Italia y de Francia.
La mitad del manto que - según la leyenda - San Martín compartió con el pobre de Amiens, se conserva celosamente en una capilla. Al custodio de la capilla se llama “capellán”, sin ser lo, porque es el protector de la “capa” del Obispo de Tours.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Evangelio segùn San Juan 2,13-22.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 2, 13-22

Se acercaba la Pascua de los judíos. Jesús subió a Jerusalén y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas sentados delante de sus mesas. Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y sus bueyes; desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas y dijo a los vendedores de palomas: «Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio.»
Y sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura:
"El celo por tu Casa me consumirá".
Entonces los judíos le preguntaron: «¿Qué signo nos das para obrar así?»
Jesús les respondió: «Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar.»
Los judíos le dijeron: «Han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este Templo, ¿y Tú lo vas a levantar en tres días?»
Pero Él se refería al templo de su cuerpo.
Por eso, cuando Jesús resucitó, sus discípulos recordaron que Él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que había pronunciado.

Compartiendo la Palabra
Por Alejandro Carbajo, cmf

Queridos hermanos, paz y bien.

Sabemos que para orar, para relacionarnos con Dios, cualquier lugar es bueno. Pero hay lugares en los que especialmente se siente la presencia de Dios. Hoy se nos invita a recordar la Dedicación de la basílica de Letrán en honor de Cristo Salvador, construida por el emperador Constantino como sede de los obispos de Roma. Su anual celebración en toda la Iglesia latina es un signo permanente de amor y de unidad con el Romano Pontífice.
No sé qué texto elegirán en vuestras parroquias como primera lectura, pero yo prefiero la de la carta a los Corintios. En ella se habla de que somos templo de Dios. A primera vista, puede parecer un poco presuntuoso, pero no olvidemos que el Hijo de Dios se hizo hombre, y habitó en un cuerpo como el nuestro. Que tuvo que crecer, aprender a hablar, a andar, a comer y, sufriendo, aprender a obedecer.
Llevar hasta el final el hecho de la Encarnación del Hijo de Dios puede abrirnos alguna perspectiva nueva. Tenemos una llamada (espero que no sea una llamada perdida) para ser hijos de Dios. Tenemos lo que necesitamos, es decir, la promesa de ayuda del Espíritu, para ser santos. Dios es nuestro padre, y Cristo, nuestro Hermano Mayor. ¿Sorprendente? Quizá, pero a la vez motivador. Siempre pensamos que eso de ser santo está fuera de nuestras posibilidades, queda reservado a unos poquitos, curas, monjas y demás gente de ese tipo. Pero ya el Concilio Vaticano II se encargó de recordarnos que «todos los fieles cristianos, de cualquier condición y estado, fortalecidos con tantos y tan poderosos medios de salvación, son llamados por el Señor, cada uno por su camino, a la perfección de aquella santidad con la que es perfecto el mismo Padre» («Lumen gentium» 11. c).
Así que hoy es un buen día para empezar a ser santo. Es verdad que muchas veces necesitamos que nos liberen de muchas cosas. Nuestro templo se llena de mercaderes, de productos, de cosas que, al final, no nos dejan ver a Dios. Por eso Jesús, de vez en cuando vienen con la escoba y nos invita a hacer limpieza. A tirar todo lo que nos impide ser felices y dichosos, (que eso significa ser santo), a adecentar nuestro templo interior y a empezar de nuevo. Lo hace cada día, en la Eucaristía. Lo hace a través del sacramento de la Penitencia. Lo hace cuando tomamos la Palabra de Dios y la meditamos, oramos y reflexionamos.
Todo bautizado tiene ya en sí el germen, la semilla de la santidad. Como toda semilla, hay que prepararle el terreno, hay que regarla, hay que vigilarla para que crezca. Queriendo que Dios actúe, pero dejando actuar a Dios. Sin ponerle obstáculos, sin aferrarnos demasiado a las cosas. Sabiendo de Quién nos hemos fiado, y dejándonos en sus manos. Como un niño en brazos de su madre, que reposa seguro de que nada malo le sucederá.
Por cierto, algunos hemos tenido la suerte de ver en Roma la basílica cuya dedicación hoy celebramos. Tú puedes verla aquí.

Hoy 9 de Noviembre la Iglesia celebra "La de dedicaciòn de la Basìlica de San Juan de Letràn"

Basílica significa: "Casa del Rey"



De varias maneras se suele denominar este templo: Basílica "Constantiniana,"Del Salvador" y "De San Juan de Letrán". Es la catedral del Papa que, al tomar posesión de ella, muestra el supremo poder o potestad eclesiástica de Roma y del mundo; por ello a esta basílica se llama a sí misma en la escritura de su fachada "madre y cabeza de todas las iglesias de la Urbe y del Orbe".

El nombre de Letrán le viene del palacio que tenían los "Laterani" en el monte Celio desde el siglo I a quienes la autoridad confiscó sus bienes por atreverse a conspirar contra Nerón. Parece ser que pasó a ser propiedad de Fausta, la esposa de Constantino; aconsejada, según dicen, por Osio de Córdoba, lo donó a los Papas para su residencia habitual, como de hecho lo fue a través de bastantes siglos hasta el periodo de Aviñon.

Pero la longa historia no muy probada o la leyenda une esta basílica a la familia imperial también por otros motivos. Parece ser que el emperador que legalizó a la Iglesia contrajo el terrible e incurable mal de la lepra y fue curado milagrosamente por san Silvestre; en agradecimiento por la recuperación de la salud, entregó los terrenos necesarios para construirla y se prestó a dar la ayuda económica pertinente. Esta es la razón de llamarla también "Constantiniana".

Se sabe que ya en el año 313 hubo en ella un sínodo porque la esposa de Constantino lo cedió al papa Milcíades; que el papa Dámaso fue ordenado en ella y que se dedicó el día 9 de Noviembre del año 324, dándole Silvestre el título de "El Salvador", hasta que en el siglo XIII se le añadieran los de San Juan Bautista y de San Juan Evangelista.

Este augusto templo ha sido la sede de muchos concilios -más de veinticinco- desde el siglo IV al XVI y, de ellos, cinco han sido ecuménicos.

Allí se firmó, ya en tiempos más cercanos, el Tratado de Letrán, el 11 de marzo de 1929, con el que Pío XI logró la libertad del papa de todo soberano temporal y con ello el libre ejercicio de su misión evangelizadora, firmándolo con Mussolini.

Esta basílica podría contar una larga serie histórica de virtudes, pero también habla de sacrilegios, saqueos, incendios, terremotos e incluso el abandono de sus papas sobre todo el tiempo del destierro de Aviñon. Buscando un sentido a esos hechos, uno se pregunta si no serán las fuerzas del infierno que se ponen de pie, rabiosas, con la intención de acabar con el templo de piedras que es símbolo del poder espiritual supremo e indefectible en la Iglesia. También hay que decir que tanto el Renacimiento como el barroco dejaron en ella su huella artística perenne y restauradora, y que Sixto V y León XIII la hicieron realmente suntuosa, por no hablar de que hasta allí fue Francisco de Asís en 1210 a solicitar del Papa Inocencio III la aprobación de su Orden.

Cuando con su consagración se dedica a Dios y a su culto, se indica que pasa a ser propiedad y sede de la Majestad divina; con esa ceremonia se indica que pasa a ser "la morada de Dios entre los hombres".

A los católicos, mirándola a ella, se nos hace próximo el misterio de la salvación, pareciéndonos actual aquella escena evangélica en la que Jesucristo llamó a aquel Zaqueo, agarrado a la rama de la higuera, que se siente interpelado por Dios para habitar en su casa y comer con él a pesar de ser sólo un pobre publicano despreciable y pecador.

Es como si el mismo Dios quisiera darnos a entender que, por medio de todo el culto que allí se realiza la Misa, que es el sacrificio redentor de la Cruz, con los sacramentos, con la escucha de su palabra que se hace actual por la predicación-, quisiera recordarnos su vehemente deseo a los hombres de incorporarnos a Él haciéndonos piedras vivas, bien unidas por la caridad, de su Esposa mística -la Iglesia-como las piedras físicas se unen en la construcción material de la basílica. De hecho, esta idea ya está expresada en el Apocalipsis cuando presenta a la Nueva Jerusalén.

Y ¿por qué no decirlo? La Basílica, con su grandeza y su miseria, es también un símbolo de la Iglesia de todos los tiempos donde hubo, hay y habrá persecuciones y flaquezas, intereses humanos y divinos, política, arte, espíritu, dogma y santidad.

Consulta también Dedicación de la Basílica del Salvador de Letrán de Jesús Martí Ballester

viernes, 28 de octubre de 2011

"Santo Rosario"

La verdadera esencia del Santo Rosario, bien meditado, está constituída por un triple elemento.
Primero, la contemplación de cada misterio, es decir, de aquella verdades que nos hablan de la misión redentora de Jesús.
Contemplando nos encontramos en una comunicación íntima de pensamiento y de sentimiento con la doctrina y la vida de Jesús, Hijo de Dios y de María, que vino a la tierra a redimir, a instruir, a santificar.
Segundo, la reflexión o meditación. En cada misterio hay una enseñanza para sí mismo, en orden a la propia santificación y a las condiciones en las cuales se vive.
Bajo la continua iluminación del Espíritu Santo, cada uno confronta su vida con las enseñanzas que brotan de cada misterio.
El tercero, es la intención, es decir, la indicación o necesidades de orden personal o social, que para un católico verdaderamente activo representa entrar en el ejercicio de la caridad hacia sus hermanos, que se difunde en los corazones como una expresión viviente de pertenecer al cuerpo místico de Cristo. (DCM,III,756)

No celebres Halloweennnnnnnn!!!!!!!!!!!!!

Noticia....


Presidenta reelecta: Cristina Fernández de Kirchner.

BUENOS AIRES , 27 Oct. 11 / 08:31 pm.

Tras los comicios del pasado domingo 23 de octubre, la Conferencia Episcopal Argentina saludó a la reelecta Presidenta de esa nación, Cristina Fernández de Kirchner, a quien pidieron construir el país "con la ayuda de Dios".

El organismo episcopal presidido por el Cardenal Jorge Mario Bergoglio, Arzobispo de Buenos Aires, envió una carta a la Presidenta reelecta en la que señalan que "nuestro pueblo le ha renovado su confianza para regir los destinos de la Patria en el cargo de mayor responsabilidad ciudadana".

En el texto dado a conocer por la Cancillería, los Obispos le dicen a la Presidenta que "nuestra Patria le confía su esperanza de siempre, la que soñaron nuestros mayores, y la que todos queremos seguir construyendo con la ayuda de Dios".

El mensaje también afirma que "nosotros como obispos le aseguramos nuestra oración y compromiso con el bien común".

Los obispos indicaron también que en noviembre "nos reuniremos todo el Episcopado de nuestra Patria y aprovecharemos esa ocasión para ofrecer nuestra oración confiada al Señor de la vida por esta nueva etapa institucional que usted encabeza".

La carta está firmada por el Cardenal Bergoglio y por el secretario general del Episcopado, Mons. Enrique Eguía Seguí, Obispo Auxiliar de Buenos Aires.

La Cancillería, que difundió el texto, precisó que la nota episcopal fue recibida ayer al mediodía por el Secretario de Culto de la Nación, Guillermo Oliveri.

Carta del Obispo.

Carta del Obispo Luis Stöckler. Quilmes, 28 de octubre de 2011

Circular Nº 12 / 2011
Viernes, 28 de octubre de 2011, 14:38

Muy queridos hermanos y hermanas en Cristo:c a

Vivimos en nuestra diócesis un momento importante. Estamos a la espera de nuestro nuevo obispo, después de que el Santo Padre aceptara mi renuncia que corresponde por haber cumplido los 75 años de edad. Quisiéramos dar este paso de tal modo que sea expresión de continuidad y coherencia del camino recorrido y a la vez de apertura al Espíritu que permanentemente renueva su Iglesia.

Serán tres los acontecimientos grandes, con que queremos celebrar esta trayectoria.

El primero es la Misa de la Esperanza, el 19 de noviembre a las 19hs, que con motivo de la memoriade los 10 años del fallecimiento de Mons. Novak está puesta bajo el lema “Padre Obispo Jorge Novak, amigo de Dios y de los pobres”, precedida por una semana con la carpa misionera en Cruce Varela, donde todos los días se realizaran encuentros de oración y reflexión.

El segundo acontecimiento transcendente es la Fiesta de la Inmaculada Concepción, Patrona de nuestra diócesis, el 8 de diciembre a las 19hs. Esta celebración será mi despedida como obispo de Quilmes para agradecer a Dios y a ustedes por el regalo de haberme dado participación en la rica vida de esta Iglesia particular.

Finalmente los convoco a todos a celebrar la Toma de Posesión de Mons. Carlos José Tissera para darle la bienvenida como nuevo obispo de nuestra diócesis, el sábado 17 de diciembre a las 18hs en la Iglesia Catedral, junto a los obispos de la Región Pastoral de Buenos Aires y las diversas autoridades.

Son acontecimientos de gran gozo que consolidan el amor entre nosotros y el deseo de seguir caminando juntos en la evangelización de nuestra querida diócesis.

Los abrazo y bendigo con mi afecto paternal y les pido que me tengan presente en sus oraciones.

+ Luis T. Stöckler

Obispo Emérito

Administrador Apostólico de Quilmes

Se leerá en las diversas celebraciones del domingo 6 de noviembre.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Monseñor Carlos Tissera, Obispo electo de Quilmes.

El Papa nombró a Mons. Carlos Tissera nuevo obispo de Quilmes
Buenos Aires, 12 Oct. 11 (AICA)
Monseñor Carlos Tissera, obispo electo de Quilmes

Monseñor Carlos Tissera, obispo electo de Quilmes

El Santo Padre Benedicto XVI nombró obispo de Quilmes a monseñor Carlos José Tissera, de 60 años de edad, actual obispo de San Francisco (Córdoba).

Previamente, el Papa aceptó la renuncia presentada por el hasta ahora obispo de Quilmes, monseñor Luis Teodorico Stöckler, por haber cumplido 75 años, edad señalada por la norma canónica.

La noticia fue difundida esta mañana por el nuncio apostólico, monseñor Adriano Bernardini, a través de la agencia AICA, al mismo tiempo que se publicaba en Roma.

Mons. Carlos Tissera, obispo electo de Quilmes
Monseñor Carlos José Tissera nació en Río Cuarto, provincia de Córdoba, el 10 de septiembre de 1951. Fue ordenado sacerdote el 7 de abril de 1978 en la catedral de Río Cuarto por monseñor Moisés Julio Blanchoud, obispo de Río Cuarto.

El 16 de noviembre de 2004 el papa Juan Pablo II lo designó obispo de San Francisco.

Fue ordenado obispo el 6 de febrero de 2005 en la catedral de Río Cuarto, por monseñor Artemio Staffolani, obispo de Villa de la Concepción del Río Cuarto, y por monseñor Moisés Julio Blanchoud, obispo emérito de Salta y monseñor Mario Poli, obispo auxiliar de Buenos Aires, como obispos co-consagrantes.

Tomó posesión de la sede episcopal e inició su ministerio pastoral como cuarto obispo de San Francisco el 27 de febrero de 2005.

En la Conferencia Episcopal Argentina es miembro de la Comisión de Ministerios (CEMIN). Su lema episcopal es: “En tu palabra echaré las redes”.

Diócesis de Quilmes
La diócesis de Quilmes fue creada el 19 de junio de 1976 por el papa Pablo VI y comprende, en la provincia de Buenos Aires, los partidos de Berazategui, Florencio Varela y Quilmes, con una superficie de 503 kilómetros cuadrados y una población de 1.198.000 habitantes, de los cuales se estima que el 80% son católicos.

La diócesis cuenta con 80 parroquias, 217 iglesias y capillas no parroquiales; 100 sacerdotes, de los cuales 78 diocesanos y 22 religiosos; 84 diáconos permanentes; 242 religiosas y 118 centros educativos de la Iglesia.

Su primer obispo fue monseñor Jorge Novak SVD (1976-2001). Desde abril de 1997 hasta el 19 de mayo de 2000 (fecha en la que falleció), fue obispo coadjutor monseñor Gerardo Farrell.

El segundo obispo fue monseñor Luis Teodorico Stöckler, quien al renunciar queda al frente de la diócesis de Quilmes en calidad de Administrador Apostólico hasta que asuma el nuevo obispo.+


El Santo Padre nombro nuevo Obispo para la Diocesis de Quilmes.

Mons. Stöckler da la bienvenida a su sucesor diocesano
Quilmes (Buenos Aires), 12 Oct. 11 (AICA)
Mons. Luis Stöckler, obispo de Quilmes

Mons. Luis Stöckler, obispo de Quilmes

El administrador apostólico de Quilmes, monseñor Luis Stöckler, saludó hoy la decisión del Papa de designar a monseñor Carlos José Tissera, para sucederlo como diocesano de Quilmes.

“¡Bendito sea el que viene en el nombre del Señor! Desde ya le abrimos nuestro corazón y lo recibimos con la fe puesta en Jesucristo el Buen Pastor, quien en los sucesores de los apóstoles nos da la seguridad de su propia presencia en medio de su pueblo”, subrayó el prelado.

Tras señalar aspectos de la trayectoria pastoral de monseñor Tissera, señaló que le “aguarda una misión grande”, por lo que pidió la disposición y colaboración de sacerdotes, diáconos, consagrados y consagradas, y laicos.

Monseñor Stöckler rogó, además, que “en el tiempo de la espera del nuevo Pastor recemos insistentemente en las comunidades parroquiales, en las familias, en los colegios, en los diversos grupos apostólicos la Oración por el nuevo Obispo, para que pueda ser, en medio de nosotros y frente a nosotros un servidor fiel y un verdadero testigo de la buena noticia del Reino”.

“Que María Inmaculada, patrona de nuestra Diócesis, proteja y guarde a nuestro nuevo Pastor”, concluyó.

Oración por el nuevo obispo de Quilmes
Padre de bondad, mira a tu pueblo
peregrino en Quilmes, Berazategui y Florencio Varela,
que se prepara para recibir a su nuevo Obispo.

Humildemente te pedimos
que, sostenido siempre por la gracia de tu Espíritu,
nuestro nuevo Obispo pueda ser, en medio de nosotros
y junto con nosotros,
un servidor fiel y un verdadero testigo de la buena noticia de tu Reino.

Dale un corazón comprensivo, sabio y prudente,
para alentar la vida de nuestras comunidades;
dale el discernimiento necesario
para hablar y escuchar, animar y actuar, con rectitud y coraje.

A nosotras y nosotros,
ayúdanos a ser fieles al don de vida nueva que recibimos en el bautismo,
y a cuidar, con espíritu de hermanas y hermanos,
de aquel que nos envíes como nuevo pastor.
Que su llegada nos ayude a abrirnos a la novedad
que tu Espíritu quiera inspirarnos para este tiempo.

Y así, acompañados y guiados por él, podamos avanzar por caminos
de comunión y participación, de misericordia, de justicia y de paz,
y nuestra iglesia diocesana se renueve en el compromiso con los pobres,
el impulso misionero, la defensa de los derechos humanos
y el servicio a la unidad de los cristianos.

Te lo pedimos por Jesús, el buen Pastor. Amén.

María Inmaculada, Patrona de nuestra Diócesis, ruega por nosotros.+

domingo, 4 de septiembre de 2011

Estàs entre nosotros!



Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 18,15-20




Jesús dijo a sus discípulos:

Si tu hermano peca contra ti, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, busca una o dos personas más, para que el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos. Si se niega a hacerles caso, dilo a la comunidad. Y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como pagano o publicano.
Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo.
También les aseguro que si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo concederá. Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, Yo estoy presente en medio de ellos.




Compartiendo la Palabra
Por José Antonio Pagola

¿QUÉ HAGO YO?

«Donde están dos o tres reunidos en mi nombre allí estoy yo en medio de ellos». La mejor manera de hacer presente a Cristo en su Iglesia es mantenernos unidos actuando «en su nombre» y movidos por su Espíritu. La Iglesia no necesita tanto de nuestras confesiones de amor o nuestras críticas cuanto de nuestro compromiso real. No son pocas las preguntas que nos podemos hacer.

¿Qué hago yo por crear un clima de conversión colectiva en el seno de esta Iglesia siempre necesitada de renovación y transformación? ¿Cómo sería la Iglesia si todos vivieran la adhesión a Cristo más o menos como la vivo yo? ¿Sería más o menos fiel a Jesús?

¿Qué aporto yo de espíritu, verdad y autenticidad en esta Iglesia tan necesitada de radicalidad evangélica para ofrecer un testimonio creíble de Jesús en medio de una sociedad indiferente y descreída?

¿Cómo contribuyo con mi vida a edificar una Iglesia más cercana a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, que sepa no sólo enseñar, predicar y exhortar, sino, sobre todo, acoger, escuchar y acompañar a quienes viven perdidos, sin conocer el amor ni la amistad?

¿Qué aporto yo para construir una Iglesia samaritana, de corazón grande y compasivo, capaz de olvidarse de sus propios intereses, para vivir volcada sobre los grandes problemas de la humanidad?

¿Qué hago yo para que la Iglesia se libere de miedos y servidumbres que la paralizan y atan al pasado, y se deje penetrar y vivificar por la frescura y la creatividad que nace del evangelio de Jesús?

¿Qué aporto yo en estos momentos para que la Iglesia aprenda a «vivir en minoría», sin grandes pretensiones sociales, sino de manera humilde, como «levadura» oculta, «sal» transformadora, pequeña «semilla de mostaza» dispuesta a morir para dar vida?

¿Qué hago yo por una Iglesia más alegre y esperanzada, más libre y comprensiva, más transparente y fraterna, más creyente y más creíble, más de Dios y menos del mundo, más de Jesús y menos de nuestros intereses y ambiciones? La Iglesia cambia cuando cambiamos nosotros, se convierte cuando nosotros nos convertimos.

sábado, 3 de septiembre de 2011

El Evangelio de hoy
Lucas 6, 1-5


Un sábado, Jesús iba atravesando unos sembrados y sus discípulos arrancaban espigas al pasar, las restregaban entre las manos y se comían los granos. Entonces unos fariseos les dijeron: "¿Por qué hacen lo que está prohibido hacer en sábado?"

Jesús les respondió: "¿Acaso no han leído lo que hizo David una vez que tenían hambre él y sus hombres? Entró en el templo y tomando los panes sagrados, que sólo los sacerdotes podían comer, comió de ellos y les dio también a sus hombres".

Y añadió: "El Hijo del hombre también es dueño del sábado".


Reflexión
El texto de hoy nos presenta de nuevo la actitud legalista de los Fariseos que no ven más allá de la letra de la ley. Están más preocupados del cumplimento de la ley del sábado, que de darle de comer al hambriento... han visto que los discípulos arrancaban espigas pero no se han dado cuenta de que lo hacían pues tenían hambre ya que nadie les había dado un bocado de pan ese día. Es triste ver que muchas veces esta escena se repite en nuestras vidas, cuando estamos más ocupados de no faltar a la liturgia del Domingo y descuidamos la caridad, muchas veces la más elemental, es decir, la que debemos practicar en nuestras propias casas. Nos preocupa si la gente llega o no tarde; si platica o no en la misa, etc. y pocas veces volteamos a ver las necesidades de esa gente. El evangelio de Jesús es claro que al centro de toda nuestra vida está la Caridad, lo cual no significa no cumplir la ley, sino darle a ésta el justo puesto que Dios le ha dado. No descuidemos el velar por los que menos tienen, por los que pasan necesidad, por los que, en definitiva, nos necesitan... por aquellos que para comer van cortando espigas por el camino. Ofrécete tú para que no tengan que cortar de esas espigas, hazte solidario con todo aquel que pasa necesidad, y habrás cumplido toda la ley.

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón.


domingo, 24 de julio de 2011

Descubre el tesoro de saber que Dios te ama.



Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 13, 44-52

Jesús dijo a la multitud:
El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo.
El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró.
El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve.
Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.
«¿Comprendieron todo esto?»
«Sí», le respondieron.
Entonces agregó: «Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo».

Compartiendo la Palabra
Por José Antonio Pagola

UN TESORO SIN DESCUBRIR

No todos se entusiasmaban con el proyecto de Jesús. En bastantes surgían no pocas dudas e interrogantes. ¿Era razonable seguirle? ¿No era una locura? Son las preguntas de aquellos galileos y de todos los que se encuentran con Jesús a un nivel un poco profundo.

Jesús contó dos pequeñas parábolas para «seducir» a quienes permanecían indiferentes. Quería sembrar en todos un interrogante decisivo: ¿no habrá en la vida un «secreto» que todavía no hemos descubierto?

Todos entendieron la parábola de aquel labrador pobre que, estando cavando en una tierra que no era suya, encontró un tesoro escondido en un cofre. No se lo pensó dos veces. Era la ocasión de su vida. No la podía desaprovechar. Vendió todo lo que tenía y, lleno de alegría, se hizo con el tesoro.

Lo mismo hizo un rico traficante de perlas cuando descubrió una de valor incalculable. Nunca había visto algo semejante. Vendió todo lo que poseía y se hizo con la perla.

Las palabras de Jesús eran seductoras. ¿Será Dios así?, ¿será esto encontrarse con él?, ¿descubrir un «tesoro» más bello y atractivo, más sólido y verdadero que todo lo que nosotros estamos viviendo y disfrutando?

Jesús estaba comunicando su experiencia de Dios: lo que había transformado por entero su vida. ¿Tendrá razón? ¿Será esto seguirle?, ¿encontrar lo esencial, tener la inmensa fortuna de hallar lo que el ser humano está anhelando desde siempre?

En los países del Primer Mundo mucha gente está abandonando la religión sin haber saboreado a Dios. Les entiendo. Yo haría lo mismo. Si uno no ha descubierto un poco la experiencia de Dios que vivía Jesús, la religión es un aburrimiento. No merece la pena.

Lo triste es encontrar a tantos cristianos cuyas vidas no están marcadas por la alegría, el asombro o la sorpresa de Dios. No lo han estado nunca. Viven encerrados en su religión, sin haber encontrado ningún «tesoro». Entre los seguidores de Jesús, cuidar la vida interior no es una cosa más. Es imprescindible para vivir abiertos a la sorpresa de Dios.

Renunciar ¿A qué?...

La vida cristiana se ha presentado muchas veces como un constante ejercicio de renuncia: renunciar al dinero, renunciar a los placeres de la vida, renunciar a las comodidades, renun­ciar a la ambición, renunciar, renunciar, renunciar... Pero ¿para qué?, ¿a cambio de qué?

CAMINO DE PERFECCION

Sin que esto suponga que criticamos a aquellos que buscan sinceramente la perfección, hay que afirmar que el cristianis­mo no debe confundirse con lo que se llama un camino de per­fección, un método para llegar a ser santos. El objetivo de Jesús no era enseñar al hombre a ser más santo, a ser más per­fecto; el suyo no era un proyecto dirigido únicamente al indi­viduo, sino orientado a la transformación de la manera de vivir de toda la humanidad.

Cuando Jesús presenta las bienaventuranzas, que constitu­yen el núcleo de su programa, no dice a quienes le escuchan que serán más santos si hacen todo aquello, sino que serán felices.

Es la felicidad de los hombres, de todos los hombres y de cada uno de ellos en particular, lo que preocupa a Jesús, porque ésa es la principal preocupación del Padre.

Por eso no se puede considerar la perfección como un ideal propiamente cristiano. Éste era el ideal de los fariseos y lo fue también de ciertas escuelas filosóficas de la antigüedad (los estoicos, por ejemplo). El ideal cristiano es la felici­dad. Y, en consecuencia, la felicidad es la razón por la que un cristiano actúa: un cristiano se comporta cristianamente por­que tal comportamiento es causa de alegría para él y para sus semejantes. O, si se quiere formular la cuestión de otra ma­nera: debe juzgarse que una acción es buena si produce felici­dad en quien la realiza y contribuye a la felicidad de los demás.


UN TESORO, UNA PERLA

Ésta es la idea central de las dos primeras parábolas que se leen este domingo: el reino de Dios es como un tesoro es­condido, como una perla de incalculable valor. Si alguien en­cuentra el tesoro o la perla y descubre el valor tan inmenso que tienen, hace todo lo necesario para conseguirlos. Reunirá todo el dinero que pueda, aunque tenga que vender todas sus posesiones, todo lo que tiene, y correrá a comprar la perla o el campo donde sabe que está escondido el tesoro.

La parábola no necesita demasiadas explicaciones. Jesús ha dicho desde el principio que hay ciertas cosas que son in­compatibles con el evangelio; y resulta que esas cosas son las que más se valoran entre la mayor parte de los hombres: el poder, la riqueza, los honores... ¿Por qué hay que renunciar a todo eso? ¿Para qué? ¿Es que la renuncia tiene valor en sí misma? Estas preguntas quedan respondidas con las parábolas que comentamos.

En primer lugar, el proyecto de Jesús, el reino de Dios, es un tesoro para el hombre, el mayor tesoro. Vivir de acuerdo con el evangelio vale más, tiene más valor que cualquier otro modo de vida. Más que todo el dinero del mundo, más que todos los honores, más que todo el poder.

Y, en segundo lugar, la elección debe llenar de alegría a quien la realiza. El dolor que pudiera causar la renuncia a algo que se ha querido hasta ese momento debe quedar anulado por la felicidad que produce lo que se ha elegido: «Se parece el reino de Dios a un tesoro escondido en el campo; si un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y de la alegría va a vender todo lo que tiene y compra el campo aquel».


LO QUE DE VERDAD IMPORTA

No quiere esto decir que no cueste ningún esfuerzo renun­ciar a todo lo que es incompatible con el evangelio. Lo que quiere decir es que la razón por la que se hace tal esfuerzo no es otra que la seguridad de que el resultado final será una feli­cidad mucho mayor. Y no sólo en la otra vida: ya, desde ahora, desde el momento en que se descubre el valor de lo que se ha elegido.

En conclusión: lo realmente importante no es la renuncia, sino la elección; lo que realmente nos hace mejores no es lo que dejamos, sino lo que elegimos. Y la elección es consecuen­cia no tanto de que queremos ser mejores, más santos, más perfectos, sino más bien de que hemos descubierto que adop­tando el modelo de vida que propone el evangelio, siendo cris­tianos, podremos tener y ofrecer a los demás, de la manera más excelente, la experiencia del amor compartido, que es la felicidad.