
sábado, 30 de octubre de 2010
Lectura Lucas 19:1-10. Domingo de Zaqueo el Publicano.

En aquel tiempo, habiendo entrado en Jericó, atravesaba la ciudad. Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos, y rico.Trataba de ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la gente, porque era de pequeña estatura. Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, pues iba a pasar por allí.
Y cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzando la vista, le dijo: "Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa."Se apresuró a bajar y le recibió con alegría. Al verlo, todos murmuraban diciendo: "Ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador."Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: "Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré el cuádruplo."Jesús le dijo: "Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abraham, pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido."
Zaqueo era públicamente un hombre marginado, despreciado y acaso temido, Por eso el geto de Jesús se orienta a entender que todos los hombres tienen salvación y que basta gestos de amistad para que conviertan sus vida. Declara que la salvación ha entrado en su cosas y que todos los hijos de Dios están llamados a repetir la historia de hombres convertido.La iglesia y todas las comunidades de los seguidores de Jesús, tienen el riesgo de pensar que los hombres pecadores deben ser apartados, que no son dignos de gozar de los beneficios y de las gracias del cielo. Jesús dice lo contrario. Y sale en defensa del pecador cuando la gente murmura por que ha entrado a hospedarse en casa de un pecador.El gesto de Jesús desafiaba muchas de las normas que imponían los fariseos y los sacerdotes del templo: no tocar a los impuros, no tratar con los paganos, no comer sin lavarse, no hacer miles de cosas que los hombres normales hacen.+ + + + + + + + +
Es admirable la actitud de Jesús de ser el que se adelanta a tratar con un hombre odiado por todos, porque era el jefe de los recaudadores de impuestos. Jesús le transforma en otro hombre y anuncia que El ha venido a salvar. No le importan a Jesús los comentarios de la gente ni los prejuicios de los hipócritas. Le importan los pecadores que hay que llevar de nuevo al buen camino.Las formas de Jesús para aproximarse a todas las personas son las que la Iglesia y los que quieren salvar a los hombres del mal, debe imitar en sus actividades. Hay que estar más allá de lo que diga la gente que se cree buena para llevar al buen camino a los descarriados a los que los demás hombres consideran malos y pecadores, pero que acaso no lo sean tanto ante los ojos de Dios.Por eso es un modelo de amistad y de misericordia el dialogo que Jesús mantiene con Zaqueo en esta lectura. Al pasar “levantó Jesús la vista y le dijo: Zaqueo, baja en seguida, que hoy tengo que alojarme en tu casa”.Y es admirable la reacción de Zaqueo, que bajó deprisa del árbol y le preparó un banquete para celebrar esa para él inesperada amistad.El encuentro con Jesús terminó con las buenas disposición de Zaqueo y con la afirmación de Jesús de que la salvación había ya entrado en la casa del nuevo discípulo, del recién convertidoEl texto no especifica los motivos que tenía Zaqueo para querer encontrarse con Jesús: ¿curiosidad? ¿Los comentarios de la gente? ¿la fama por los prodigios realizados? Es probable que Zaqueo buscaba sabe si Jesús había ya pagado los tributos que los romanos exigían a todo judío. En una ocasión ya se los habían pedido en Galilea y Jesús había pagado de una forma original: indicando a Pedro que fuera a pescar un pez y que sacara de su boca la moneda del tributo. Sin embargo el resultado que Jesús quiso que hubiera en aquella ocasión fue la conversión de un explotador, de un “jefe de publicanos”, el cual residía en la importante ciudad de JericóNo basta con tener buenos deseos, no basta con tener intenciones altruistas, no basta con tener sentimientos generosos: es necesario actuar, es necesario pasar de las palabras a los hechos. Zaqueo lo hizo y prometió ante Jesús que devolvería lo que fuera, si es que había robado a alguien… Jesús le recompensó con un signo de amistad: “entrar en su casa y aceptar una comida”. Y no le importó los que murmuraba de él. Es más les advirtió que El no había venido al mundo para salvar a los buenos, sino para levar por el buen camino a los malos.+ + + + + +La figura del jefe de publicanos convertido en amigo de Jesús es muy significativa. Hay personas que tienen mala fama y no son tan malos. Y hay personas que tienen buena fama, y acaso no la merecen. Hay personas que tienen una experiencia negativa de Dios y de las cosas de la religión y se debe a una mala forma o alguna herida que arrastran. Y hay que ser comprensivos con ellos y entrar en su casa para comer a su lado. No son ni ateos, ni pecadores, ni malos. Son solamente alejados.Hay que saber acocarse a ellos para llevarles luz, paz y consuelo. Es lo que hizo y enseñó Jesús. Y lo que enseñó a hacer. Y para ellos hay que hacer oídos sordos a los chismosos que murmuran de la generosidad, como era mucha gente que vio cómo Jesús entre en la casa de Zaqueo, que se escandalizaban por la generosidad del Maestro.La profunda transformación en la vida de Zaqueo es lo que podemos denominar con la tradición cristiana, la “conversión del pecador”. Dios no quiere que el pecador muera, sino que arrepienta y viva. El mensaje de Jesús es claro. Por eso los seguidores de Jesús hacen lo posible por conseguir que todos se acerquen al buen camino. Y no hay buen camino si no conduce a Jesús.
domingo, 24 de octubre de 2010
Evangelio del Dia 24 de Octubre...

Refiriéndose a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, Jesús dijo esta parábola:Dos hombres subieron al Templo para orar; uno era fariseo y el otro, publicano. El fariseo, de pie, oraba así: «Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago la décima parte de todas mis entradas».En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: «¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!»Les aseguro que este último volvió a su casa justificado, pero no el primero. Porque todo el que se eleva será humillado, y el que se humilla será elevado.
Compartiendo la PalabraPor Pedro Garcia cmfNo dice nada el Evangelio de Lucas sobre la reacción del público que escuchaba a Jesús cuando narró la parábola que hoy nos propone la Iglesia: la del fariseo y la del publicano. Pero podemos imaginarnos que la gente sencilla del auditorio se moría de risa; y los fariseos, por el contrario, estaban que se recomían por dentro.Porque Jesús, con un humor simpático de verdad, pintaba ante todos el defecto más grande de aquellos dirigentes del pueblo, los cuales, teniéndose por santos, despreciaban a los otros porque eran todos unos pecadores malditos.Ahora viene Jesús, y con ironía despiadada, dice todo lo contrario, pues es como si dijera:- ¡Fariseos, cuidado!... ¡Pecadores, tranquilos!...Pero, pasemos a la parábola de Jesús.* Un fariseo y un publicano coincidieron en el templo y ambos se pusieron a orar. Uno y otro rezan en voz audible, como solían hacerlo con naturalidad.El publicano se coloca delante, para que todos lo vean. Y de pie, como era costumbre. Además, como es un santo, no tiene por qué humillarse ni ante Dios; al contrario, se puede presentar sólo con obras excelentes. Y así, empieza a decir, con los ojos bien altos hacia el cielo:-¡Gracias, oh Dios, porque no soy como los demás hombres, ladrones, injustos, adúlteros..., y menos como ese publicano que está allí detrás! Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo.No sabía qué más inventar para alabarse a sí mismo y poner contento a Dios.La gente que escuchaba a Jesús debía estar gozándola en grande: ¡Así, así rezan los fariseos!... Y se decían después: A ver, a ver cómo rezaba el publicano...Porque el publicano era un personaje muy interesante. El publicano, o cobrador de tributos, era considerado como un pecador público, ladrón y sacrílego, pues los cobradores de impuestos robaban lo que podían y además estaban al servicio de Roma, pueblo pagano y opresor del pueblo de Dios. En el Israel de entonces, los pecadores públicos eran, entre las mujeres las prostitutas, y entre los hombres los publicanos. Por lo mismo, ahora Jesús va a hablar de la oración de estos pecadores.Y con sonrisa compasiva, cariñosa, comprensiva, prosigue Jesús:- ¿El publicano? Ni se atreve a ponerse de pie, sino que se impone una postura desusada: se inclina hacia el suelo, no alza la vista de pura vergüenza, y toda su oración consiste en una confesión y una sola invocación, que va repitiendo mientras se golpea el pecho: ¡Señor, ten misericordia de mí, que soy un pecador!...La gente comprende, y respira feliz:- Así rezamos nosotros, porque no podemos presentar las obras buenas de los fariseos.Pero Jesús añade con seriedad muy grave:- Os aseguro, que este publicano salió del templo y se fue a su casa perdonado y hecho un santo, a diferencia del otro... *Aunque Jesús no quiso seguir denunciando más, pero se entendía muy bien lo que ahora aseguraba:- El otro, el fariseo, se marchó con todos sus pecados, además de uno nuevo más grande encima, como era el de una soberbia intolerable delante de Dios. Porque, debéis tener presente, que todo el que se ensalza será humillado, mientras que el que se humilla será ensalzado.¿Qué nos enseña esta parábola de Jesús, tan simpática, y tan seria?... Contiene lecciones profundas y fundamentales para la vida cristiana.Primera lección, que la salvación es completamente gratuita.No son nuestras buenas obras lo que podemos presentar ante Dios, sino nuestra nada y nuestro pecado.Dios da la gracia al humilde que se reconoce culpable.Nosotros acogemos esa gracia de Dios, y con ella hacemos después las obras buenas que Dios nos pide y nos manda, pero que son más de Dios y de su gracia que de nuestro esfuerzo.Gloriarse de las obras propias es atribuirse la salvación a sí mismo, y esto Dios no lo puede tolerar.Segunda lección. Lucas nos ha avisado que Jesús dijo la parábola porque veía cómo algunos despreciaban a los que consideraban pecadores.¿Quiénes somos nosotros para juzgar al hermano?Ese pecador de hoy puede que sea el día de mañana, una vez vuelto a Dios, un santo de categoría excepcional. El que sabe decir: ¡Señor, ten compasión de mí, que soy un pecador!, ya empieza a ser un santo, que a ver hasta dónde llegará...Una conocida escuela moderna de perfección cristiana mantiene a sus candidatos durante mucho tiempo, meses y quizá años, con sola esta oración: ¡Señor, piedad!... ¡Señor, que soy una pecadora!...Como Dios se vuelca hacia los humildes, esos que se reconocen pecadores suben después a una oración muy alta.¡Señor Jesucristo, corona y premio de los humildes!Tú mismo proclamaste la humildad de tu Corazón amante,y nos dijiste que aprendiéramos de ti.¿Por qué no me das a mí la gracia de ser humilde de corazón?...
sábado, 23 de octubre de 2010
Evangelio del Dìa 23 de Octubre...

En cierta ocasión se presentaron unas personas que comentaron a Jesús el caso de aquellos galileos, cuya sangre Pilato mezcló con la de las víctimas de sus sacrificios. Él respondió:«¿Creen ustedes que esos galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera. ¿O creen que las dieciocho personas que murieron cuando se desplomó la torre de Siloé eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera».Les dijo también esta parábola: «Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar frutos y no los encontró. Dijo entonces al viñador: "Hace tres años que vengo a buscar frutos en esta higuera y no los encuentro. Entonces córtala, ¿para qué malgastar la tierra?" Pero él respondió: "Señor, déjala todavía este año; yo removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré. Puede ser que así dé frutos en adelante. Si no, la cortarás"».
Compartiendo la PalabraPor CELAM - CEBIPALNo aplazar la conversión“Si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo”El pasaje de hoy nos invita a no aplazar la conversión. La invitación del Señor ha resonado, no podemos echarla en saco roto.Con tres exhortaciones, Jesús nos hace el llamado:(1) En Lc 13,1-3: A partir del caso de la masacre protagonizada por Pilato, Jesús saca como enseñanza: “Si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo” (12,3).(2) En 13,4-5: A partir del caso de la tragedia de la torre de Siloé, Jesús dice: “Si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo” (13,5).(3) En 13,6-9: Con la parábola de la higuera que no produce frutos, Jesús recalca el mismo mensaje anterior y se le coloca un límite a la paciencia con aquél que es renuente a la conversión.Ayer vimos cómo Jesús nos educaba en la lectura de los “signos de los tiempos” y hoy vemos cómo el mismo lo realiza.Jesús toma dos acontecimientos de la primera plana de las noticias frescas del país, descubre en ellas la voz de Dios que le advierte a cada uno sobre la inseguridad de su propio destino y, finalmente, con el método de la reflexión parabólica, anuncia la misericordia (y longanimidad) del corazón de Dios, pero también su justicia. Es como si nos dijera: “El hecho que todavía estés aquí es una oportunidad que Dios te está dando. Él te ha tenido paciencia. Pero no abuses de la misericordia de Dios. Llegará un tiempo en que ya no podrás hacer nada”.1. La masacre obrada por Pilatos (13,1-3)Aunque la historia no lo confirma con absoluta certeza (pero hay algunos datos), Pilato reprimió a un grupo de terroristas zelotas judíos con un acto de público escarmiento. El procurador romano tenía sus métodos para deshacerse de personas sospechosas de atentar contra su autoridad. Pero Jesús no está, en este caso, haciendo una reflexión sobre si en el acontecimiento hubo alguna injusticia, sino sobre el hecho de que, puesto que ninguno puede decir que es una persona completamente “justa”, todos necesitan arrepentirse.2. El accidente del edificio de Siloé (13,4-5)La muerte puede llegar por mano de otras personas –como el caso de Pilato- pero también por un accidente. Este es el caso de una tragedia dolorosa que los de la época no podían olvidar (el lugar todavía puede ser identificado en el valle Cedrón, al pie de la ciudad de David).Tampoco aquí Jesús está reflexionando sobre “dónde está Dios en las calamidades de la naturaleza”, sino en el hecho de que las calamidades individuales no indican responsabilidades individuales, éstas más bien son “signos”, esto es, avisos del juicio divino que amenaza a una humanidad pecadora.Hay que corregir la idea simplista según la cual las enfermedades y las calamidades le ocurren a uno como un castigo de Dios por un pecado concreto; hay que ver el asunto al revés: en realidad es el pecado en general el responsable del mal que hay en el mundo.3. La parábola de la higuera (13,6-9)Jesús nos dice: “Si Ustedes no se arrepienten, serán derribados y perecerán, como la higuera estéril”. Dentro de un sembrado, todo árbol que no sirve, que simplemente ocupa espacio, es abatido.Jesús interpela a todo aquel que está siempre dejando “para mañana” las decisiones importantes de la vida, particularmente la conversión, el dejar definitivamente un mal hábito, el corregir una conducta dañina.El retraso de la conversión nos coloca en una situación peligrosa. El Señor da un tiempo de espera, y no lo hace de brazos cruzados, Él hace todo lo que puede para que por fin la higuera comience a fructificar. Pero al final, “si no da fruto, se corta” (13,9).Recordemos la predicación de Juan Bautista: “Dad, pues, frutos dignos de conversión... ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego” (3,8-9).
Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón1. ¿Por qué mucha gente ve algunos accidentes como “castigo de Dios”? ¿Dios es responsable de los males de la naturaleza?2. ¿Por qué el propietario de la higuera estéril es tan paciente?3. La paciencia de Dios no quita la urgencia: ¿Cuál es finalmente el mensaje del evangelio de hoy? ¿Cómo llevarlo al campo de la evangelización?
“Aspira a lo celeste, que siempre dura;fiel y rico en promesas, Dios no se muda”(Santa Teresa de Jesús)
miércoles, 20 de octubre de 2010
Evangelio del Dia 20 de Octubre...
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Jesús dijo a sus discípulos: «Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora va a llegar el ladrón, no dejaría perforar las paredes de su casa. Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre llegará a la hora menos pensada».Pedro preguntó entonces: «Señor, ¿esta parábola la dices para nosotros o para todos?»El Señor le dijo: «¿Cuál es el administrador fiel y previsor, a quien el Señor pondrá al frente de su personal para distribuirle la ración de trigo en el momento oportuno? ¡Feliz aquél a quien su señor, al llegar, encuentra ocupado en este trabajo! Les aseguro que lo hará administrador de todos sus bienes.Pero si este servidor piensa: "Mi señor tardará en llegar", y se dedica a golpear a los servidores y a las sirvientas, y se pone a comer, a beber y a emborracharse, su señor llegará el día y la hora menos pensada, lo castigará y le hará correr la misma suerte que los infieles.El servidor que, conociendo la voluntad de su señor, no tuvo las cosas preparadas y no obró conforme a lo que él había dispuesto recibirá un castigo severo. Pero aquél que, sin saberlo, se hizo también culpable será castigado menos severamente.Al que se le dio mucho se le pedirá mucho; y al que se le confió mucho se le reclamará mucho más».
Compartiendo la Palabra
Por CELAM - CEBIPAL
Servidores responsables“¿Quién es, pues, el administrador fiel y prudente…?”Continuamos en la misma línea de ayer, pero –como siempre- dando un paso hacia delante. La actitud de la “vigilancia”, tal como la vimos, se le pide a todo discípulo del Señor, quien quiera él sea. En cambio hoy, la atención se centra de manera particular en la vigilancia propia de los líderes de las comunidades.También el texto de hoy tiene dos parábolas, siempre en torno al tema de la vigilancia:(1) La primera, que se titula “del amo de la casa” (12,39-40).(2) La segunda, que se titula “del administrador fiel y prudente” (12,41-48).Como conclusión de la primera parábola, la más breve, resuena el imperativo: “¡Estad preparados!” (12,40).Jesús trae a colación algo que constatamos perfectamente hoy: la preocupación por la seguridad. Vemos incremento en la vigilancia privada, sofisticación de las cerraduras de las puertas y de las alarmas para las casas y los carros, afán por tener un seguro para cuanto implemento tenemos, etc. ¿Quién no quiere proteger sus pertenencias?Lo extraño es que no sabemos estar preparados para el momento en que otro ladrón irremediablemente llega: la muerte. La venida del Señor tiene esta gran característica: es imprevisible.Sin embargo, Jesús dice: “¡Estad preparados!” (12,40). No nos ha dicho que nos pongamos a calcular la hora, eso de nada sirve. Lo que nos pide es que estemos trabajando y que lo hagamos lo mejor posible. De esta forma la vigilancia se convierte en una ética de la responsabilidad de nuestras realidades cotidianas. Hay que evitar un pietismo que nos lleve a olvidarnos de nuestras obligaciones.Si miramos el evangelio en el versículo 41, veremos que a Pedro no le quedó claro si la parábola se aplicaba solamente a todos los discípulos o más bien a los líderes de la comunidad. Por eso viene la segunda parábola (12,41-48) que transporta la misma exigencias del “¡Estad preparados!” en el asumir las responsabilidades típicas de un animador de la comunidad, a quien Jesús llama “el administrador fiel y prudente” (12,42).Como vimos en la parábola de ayer, también ésta se desarrolla en dos partes:(1) Las características del administrador “fiel y prudente”: sabe que los bienes no son suyos, no es tacaño ni rígido, sabe hacer que alcance para todos la comida (12,42). Éste recibirá la “bienaventuranza” de su Señor (12,43) y se le concederán funciones de mayor responsabilidad en la comunidad (12,44).2. Las características del administrador “infiel”: primero se descuida en la vigilancia, se da buena vida, se aprovecha de las circunstancias; luego, ya no sabe dirigir la comunidad, se pone agresivo y se olvida de los demás. Primero se olvida de sí mismo y luego de los demás (12,45). El castigo es todavía mayor (46-48ª).La parábola concluye con la moraleja: “A quien se le dio mucho se le reclamará mucho; y a quien se confió mucho, se le pedirá más” (12,48b). Si los dones que el Señor nos da van creciendo junto con nosotros, ¡cuánto más tendremos que crecer en nuestro sentido de la gratitud y de la responsabilidad!
Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón.
1-¿Qué debe caracterizar a un “líder” de comunidad?
2-¿Cuál es la enseñanza de cada una de las parábolas de hoy?
3- ¿Qué le dice a un discípulo del Señor? “¡Estad preparados!”
¿Cómo se hace la preparación?
“Eleva tu pensamiento, al cielo, por nada te acongojes, nada te turbe”(Santa Teresa de Jesús)
domingo, 17 de octubre de 2010
17 de Octubre, Evangelio de nuestro Señor Jesucristo!!!

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 18, 1-8
Jesús enseñó con una parábola que era necesario orar siempre sin desanimarse:«En una ciudad había un juez que no temía a Dios ni le importaban los hombres; y en la misma ciudad vivía una viuda que recurría a él, diciéndole: "Te ruego que me hagas justicia contra mi adversario".Durante mucho tiempo el juez se negó, pero después dijo: "Yo no temo a Dios ni me importan los hombres, pero como esta viuda me molesta, le haré justicia para que no venga continuamente a fastidiarme"».Y el Señor dijo: «Oigan lo que dijo este juez injusto. Y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que claman a Él día y noche, aunque los haga esperar? Les aseguro que en un abrir y cerrar de ojos les hará justicia.Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?»
Compartiendo la PalabraPor Pedro Garcia cmfDe nuevo que nos encontramos con un Evangelio muy poco llamativo, pero que, sin embargo, nos da dos lecciones importantes a más no poder: la fe y la oración.Comienza Jesús narrando una parábola muy sencilla. Cuenta algo de lo que ocurría entonces, igual que ocurre hoy: los ricos tienen todas las puertas abiertas, porque hay dinero entre medio, y los pobres tienen que aguantarse porque son muy pocos los que se cuidan de ellos gratuitamente.Le pasó a aquella pobrecita mujer viuda. Le habían robado en el testamento de su marido, se le debía una cantidad, y acudía continuamente al abogado y juez:- ¡Señor, atiéndame! ¡Que se me haga justicia! ¡Mire que no tengo nada, se me debe tanto, y no hay manera de que me den lo mío!...El juez era un tipo sin ningún escrúpulo de conciencia. No le importaba nada ni de Dios ni de los hombres. Atendía cuando le venía bien, era estupendo con los clientes de dinero, y a los demás que se los lleve el diablo si quiere... Así hacía con esta pobre viuda. Hasta que al fin se dijo, con la misma expresión familiar nuestra:- Ni Dios ni nadie me importan un pepino; pero esta mujer ya me tiene harto. O le arreglo el asunto, o me vuelve loco.La cosa acabó bien para la pobre mujer, gracias a su importunidad, y ganó el juicio que tenía pendiente durante tanto tiempo... Jesús mismo saca la consecuencia, y nos dice:- ¿Os dais cuenta cómo habla el juez malo? Entonces, ¿cómo no os va a escuchar Dios, que es bueno, si no paráis de pedirle? Tened presente que es necesario orar siempre sin cansarse nunca.La primera lección sobre la oración está bien clara.Pero ahora viene el Evangelio y añade todo seguido esta palabra e interrogante de Jesús, que mira ya a su segunda venida a la tierra el último día: - Y cuando yo vuelva, ¿encontraré fe en la tierra?...No digamos que esta lección de Jesús en este Evangelio no es de actualidad suma.¡Oración, oración, oración!... Somos muy pobres —más que aquella viuda—, y nadie nos va a remediar nuestros males, ni materiales ni espirituales. Sólo en Dios tenemos nuestra esperanza. Y Dios cede siempre a nuestra súplica humilde y constante.¡Y fe, fe, fe..., mucha fe en un mundo que está perdiendo el sentido de los valores eternos del espíritu!O miramos a Dios y a la vida futura, o no encontraremos ningún sentido a la vida presente.Oración y fe son inseparables. Quien cree, ora. Quien ora, no pierde la fe.Al enjuiciar la fe y la oración en nuestros días, queremos ser muy realistas y no nos dejamos llevar del pesimismo.Hay muchos sectores sociales que van perdiendo el sentido de Dios.En unos es la abundancia de dinero y de bienes materiales la causa de su incredulidad, más práctica que teórica. Ya saben que existe Dios. No lo niegan. Pero lo dejan de lado porque no lo necesitan. Si en la sociedad de bienestar tienen ya todo, ¿qué falta les hace Dios?...Otros, al revés, no quieren saber nada de Dios porque se ven abandonados, sin dinero, sin esperanzas de remediar su hambre y sus necesidades más perentorias. Y se dicen: Si Dios no me atiende, ¿por qué tengo que acudir a Él? Dios, para mí, como si no existiera...Y así, unos por mucho, otros por poco, el caso es que quien la paga es Dios...Esto ha pasado también a nivel social.El trasnochado comunismo atacó a Dios porque decían que la religión era el opio del pueblo. Y el comunismo, que aún sigue vivo en la cabeza de muchos, arrancó a Dios de las masas trabajadoras.El capitalismo salvaje no niega a Dios ni le interesa negarlo, pero lo arrincona por no necesitarlo.Y así el mundo, por culpa de un sistema o por otro, va perdiendo la fe.Pero Dios no ha muerto ni se duerme. Cuantos más estragos causa la falta de religión, más se manifiesta Dios en nuestros días. Y hoy se reza mucho, porque hay grandes sectores del pueblo que no se dejan arrancar la fe.Cada uno de nosotros le decimos a Dios con fe profunda:¡Dios mío! No me voy a cansar de importunarte, hasta que te canses de mí, si es que Tú te pudieras cansar...Te pediré todo lo que necesito. Te lo pediré mil veces. Te lo pediré, y te lo repito, hasta cansarte y aburrirte, porque Tú me enseñas a hacerlo así... Te lo pediré porque Tú eres muy rico y yo muy pobre que no tengo nada. Te lo pediré porque así rindo el mayor homenaje a tu bondad y a tu amor generoso.Y te pediré, sobre todo, no caer nunca en esos dos males modernos: la falta de fe y la falta de piedad. Sin fe, no te podría agradaren modo alguno. Sin piedad, demostraría que no te tengo por Padre mío.¡Señor, dame fe, aumenta mi fe! ¡Que la lámpara de la fe no se apague nunca en mi mente!¡Señor, dame piedad, dame espíritu de oración, enséñame a orar, dame ganas de orar!Con fe en mi cabeza y con oración continua en mis labios, con toda la luz y toda la fuerza del Cielo en mis manos, ¿quién será capaz de alejarme de ti, Dios mío?…
jueves, 14 de octubre de 2010
Mineros: Fè y espectàculo...

domingo, 10 de octubre de 2010
QUE NO ME OLVIDE, SEÑOR
De darte las gracias por lo mucho que me das y de esperar, cuando tardas en llegar
De darte las gracias por los detalles insignificantes, por los dones de tantas personas que recibo sin saberlo, por las sonrisas que por la calle se me regalan, por los rostros que no me son indiferentes.QUE NO ME OLVIDE, SEÑOR De ver tu mano allá donde sólo veo el mundo De abrir mi corazón a tu presencia De tener mis ojos despiertos a tu paso De abrir mis manos a quien lo necesita QUE NO ME OLVIDE, SEÑOR De cultivar la gratitud cuando tanto se me da De decir “gracias” por pequeñas o grandes cosas De agradecer la fe como don y como tarea De pedir cuanto necesite aunque no sea a la hora que yo lo espere QUE NO ME OLVIDE, SEÑOR De cuidar el corazón, con la vitamina de la gratitud De fortalecer mi fe, con el arma de la oración De robustecer mi alma, con savia de la caridad De curar mi espíritu, con mi confianza en Ti Amén.
De darte las gracias por lo mucho que me das y de esperar, cuando tardas en llegar
De darte las gracias por los detalles insignificantes, por los dones de tantas personas que recibo sin saberlo, por las sonrisas que por la calle se me regalan, por los rostros que no me son indiferentes.QUE NO ME OLVIDE, SEÑOR De ver tu mano allá donde sólo veo el mundo De abrir mi corazón a tu presencia De tener mis ojos despiertos a tu paso De abrir mis manos a quien lo necesita QUE NO ME OLVIDE, SEÑOR De cultivar la gratitud cuando tanto se me da De decir “gracias” por pequeñas o grandes cosas De agradecer la fe como don y como tarea De pedir cuanto necesite aunque no sea a la hora que yo lo espere QUE NO ME OLVIDE, SEÑOR De cuidar el corazón, con la vitamina de la gratitud De fortalecer mi fe, con el arma de la oración De robustecer mi alma, con savia de la caridad De curar mi espíritu, con mi confianza en Ti Amén.

Evangelio Misionero del 10 de Octubre...

LES DEVUELVE LA VIDA
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 17, 11-19
Mientras se dirigía a Jerusalén, Jesús pasaba a través de Samaría y Galilea. Al entrar en un poblado, le salieron al encuentro diez leprosos, que se detuvieron a distancia y empezaron a gritarle: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!»Al verlos, Jesús les dijo: «Vayan a presentarse a los sacerdotes». Y en el camino quedaron purificados.Uno de ellos, al comprobar que estaba sanado, volvió atrás alabando a Dios en voz alta y se arrojó a los pies de Jesús con el rostro en tierra, dándole gracias. Era un samaritano.Jesús le dijo entonces: «¿Cómo, no quedaron purificados los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿Ninguno volvió a dar gracias a Dios, sino este extranjero?» Y agregó: «Levántate y vete, tu fe te ha salvado».
Compartiendo la Palabra
Por Pedro Garcia.
Este Domingo nos trae un Evangelio muy aleccionador. Hemos visto muchas veces cómo la fe se hace amor, caridad, donación, sobre todo por medio del dinero, que no lo guardamos avaramente, sino que lo sabemos compartir con los más necesitados.Pero hoy vamos a ver cómo la fe se hace acción de gracias a Dios. Y nos lo va a decir el milagro que nos narra Lucas sobre los diez leprosos.Todos sabemos lo que significaba en Israel la enfermedad de la lepra. Como enfermedad, en todas partes era igual, pero en Israel resultaba trágica, pues la lepra era una enfermedad declara impura por la Ley, y el leproso debía permanecer separado del resto de la comunidad, sin ninguna convivencia social. A cualquiera que se le acercaba, le avisaba ya de lejos gritando: ¡Impuro! ¡Impuro!...Ante esta situación tan angustiosa, los leprosos solían reunirse y formaban pequeños grupos entre sí. La vida se les hacía de este modo más llevadera.Sin medios de curación, era una enfermedad crónica, hasta que llegara la muerte.¿Y si alguno se curaba o se creía curado? No era él quien lo diagnosticaba, sino el sacerdote, el cual comprobaba la sanación, y declaraba la limpieza total y la curación perfecta.Sólo en este caso, podía el que había sido leproso reintegrarse a la vida social.Ahora Jesús, cuando atraviesa con los discípulos aquellos campos de Galilea hacia Jericó para subir a Jerusalén, antes de entrar en una aldea oye que le gritan de lejos:- ¡Jesús Maestro, ten compasión de nosotros!Era un grupo de diez leprosos. Nueve judíos, y un samaritano. Judíos y samaritanos eran enemigos irreconciliables. No se podían ni ver. Pero la común desgracia une a estos pobres diez enfermos, olvidadas todas las rencillas.Guardan la ley de no acercarse, y Jesús les respeta su decisión. Por eso, les grita también de lejos:- Id a presentaros a los sacerdotes.Y, mientras van de camino, se encuentran todos limpios de la terrible enfermedad.Siguen ahora corriendo, locos de felicidad, cada uno hacia su casa. Nadie se acuerda de Jesús. Sólo el samaritano —el odiado samaritano, judío bastardo— piensa en su bienhechor, vuelve a Jesús, se postra de rodillas ante Él, mientras le dice temblando por la emoción:- ¡Gracias, Maestro, gracias!...Jesús valora este gesto, se emociona, y replica algo triste:- ¿Cómo? ¿No han sido diez los curados? ¿Dónde están los otros nueve? ¿A nadie de ellos se le ha ocurrido venir a dar gloria y las gracias a Dios, sino a este extranjero?...Tiende Jesús los brazos al que está postrado a sus pies, y le dice, casi conmovido:- Levántate y marcha bien contento. ¡Tu fe te ha salvado!...Nos atreveríamos a decir —con mucho cariño, desde luego— que Jesús, el bueno de Jesús, tiene que irse acostumbrando a lo que le va a pasar muchas veces en adelante: ¡a dar sin recibir!...Va a tener que repartir sus dones, sin que nadie venga después a agradecerle nada. Como los nueve curados, que se olvidan totalmente de quien les ha hecho el bien. Se creían con derecho a todo, y al verse con las manos llenas del beneficio de Dios, ni tienen la ocurrencia de decirle un ¡Gracias, Dios mío!...Esa será la conducta de muchos ante tantísimos dones recibidos de Dios. Para pedir, magníficos. Para agradecer, olvidadizos del todo.Con ello, faltan con Dios a una norma elemental de educación. La educación que se tiene con los hombres no se suele tener con Dios. Entre nosotros, un ¡Gracias! nos sale espontáneo de los labios ante cualquier favor que se nos hace.Lo aprendemos a hacer desde niños. Cuando al pequeño se le regala una cosita y no responde nada, la mamá, muy atenta siempre, le pregunta indefectiblemente: ¿Qué se dice?... Y el niño, algo avergonzadito de que se le repita de continuo la misma lección, contesta: ¡Gracias!...Esto lo vemos mil veces cada día. Porque no aceptamos socialmente una falta de educación que revela a su vez una falta del sentimiento más noble como es la gratitud.La Iglesia, como Iglesia, tiene una manera de actuar muy suya y muy constante. Porque la Iglesia reconoce el beneficio inmenso de la Redención, la liberación del pecado, a la cual no teníamos ningún derecho, sino que ha sido totalmente gratuita de parte de Dios.Entonces la Iglesia celebra alborozada la Eucaristía, la Acción de Gracias por antonomasia. Lo hace cada día, pero especialmente el domingo.Y, al verse liberada de la condenación merecida, nunca se le cae de sus labios el himno entusiasta: ¡Gloria a Dios en el Cielo!... ¡Te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial.Cuando se trata de oración, a todos nos iría bien tener un poco más de espíritu carismático: no pedir tanto, y alabar más y dar muchas, pero muchas gracias a Dios. En especial, nos iría bien el tener verdadera ansia de participar en la Eucaristía, de no dejar una Misa dominical, porque en ella tenemos, con Cristo presente, la Acción de Gracias más cumplida a Dios.Con lo bonito que es repetir todos juntos, hasta enronquecer: ¡Te damos gracias, Señor, de todo corazón!... ¡Gracias, Señor, aleluya! ¡Gracias, Señor!...
jueves, 7 de octubre de 2010
Nuestra Señora del Rosario.

El Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo:«¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo».Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo.Pero el Ángel le dijo:«No temas, María, porque Dios te ha favorecido., Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; El será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin».María dijo al Ángel:«¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relación con ningún hombre?»El Ángel le respondió:«El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios».María dijo entonces:«Yo soy la servidora del Señor, que se haga en mí según tu Palabra».Y el Ángel se alejó.
Compartiendo la Palabra Por Fernando Torres Pérez.
Dice san Juan de la Cruz en su Subida al Monte Carmelo aquella famosa frase de “por aquí no hay camino que para el justo no hay ley”. Lo malo es que nosotros hemos terminado dejando eso para los místicos y hemos concentrado en gran medida la vida cristiana en el cumplimiento de la ley.Una pena porque nos hemos perdido lo mejor del Evangelio. Poner el punto de mira en la ley nos lleva a plantear una estructura de mínimos. Para ser cristiano hay que ir a misa los domingos, confesarse una vez al año y cumplir la penitencia, etc. La ley establece el mínimo indispensable para reconocerse públicamente cristiano. Además, se determinan también las condiciones objetivas que hacen que se cumpla la ley. Así para cumplir con el precepto dominical de asistir a misa (obviamente no se habla de participar ni nada parecido, claro) hay que estar presente en la iglesia. No vale oírla por la radio ni verla por la televisión a no ser que hablemos de una persona enferma. También se fija cuándo se llega tarde a misa de tal modo que ya no se cumple con el precepto.Establecer los mínimos es olvidarse de los máximos. El planteamiento de Jesús nunca fue de mínimos. Él anunció la buena nueva e invitaba a todos a entrar por un camino diferente: el del amor. Ahí nadie se plantea mínimos. Ni siquiera se puede decir aquello tan manido de “en el medio está la virtud.” En el amor hay que darlo todo, sin medida, el máximo. Lo que decía san Juan de la Cruz no es un privilegio de los místicos ni de los muy santos. Es para todos los cristianos. Es la llamada que nos hace Jesús a entregarnos sin medida.Desde esta perspectiva se entiende el enfado de Pablo en su carta a los gálatas. Él les había anunciado el Evangelio en toda su fuerza y ellos se estaban agarrando al cumplimiento de la ley. Se habían perdido lo mejor y, de paso, habían perdido el norte. Ser cristiano no es cumplir una ley sino tratar de vivir según el amor y la misericordia de Dios. Nuestro Padre celestial, como dice Jesús en el evangelio, nos dará el Espíritu que necesitamos para seguir el camino del Evangelio.
martes, 5 de octubre de 2010
Evangelio del Dìa...

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 10, 38-42
Jesús entró en un pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibió en su casa. Tenía una hermana llamada María, que sentada a los pies del Señor escuchaba su Palabra.Marta, que estaba muy ocupada con los quehaceres de la casa, dijo a Jesús: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola; con todo el trabajo? Dile que me ayude».Pero el Señor le respondió: «Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas, y sin embargo, una sola cosa es necesaria. María eligió la mejor parte, que no le será quitada».
Francisco, edifica mi Iglesia.

Un día Jesús pidió a San Francisco de Asís que estaba orando en la iglesia de San Damián: “Francisco repara mi Iglesia”. Y en nuestro tiempo que no es mejor que aquel, también Jesús nos dice a cada uno: “Repara mi Iglesia”. Hay muchos cristianos desorientados, muchas personas de buena voluntad que no tienen quien les guíe, buscan la paz interior donde no pueden hallarla, porque no encuentran guías capaces de mostrarles el buen camino.Jesús no tiene otros brazos que los tuyos y los míos para llevar a cabo su obra de salvación. Necesita de nosotros para hacer resplandecer en el mundo su obra de misericordia, de comprensión, de amor desinteresado, que es el único auténtico amor.Es preciso que sepamos trillar caminos nuevos de acercar a Dios a los jóvenes, a los que la Iglesia no les dice absolutamente nada, a tantas personas que su único dios es el egoísmo, la riqueza, el placer y tantas cosas que luego les dejan un gran vacío y un mal sabor de boca.Para San Francisco no fue fácil, ni lo será para nosotros si queremos comprometernos en esta empresa de sembrar paz, armonía y felicidad en nuestro entorno. Oremos para que el Espíritu de Jesús nos ilumine e ilumine a muchos, para ser colaboradores en su obra salvadora, para que sepamos anunciar el Evangelio con valentía, sin esconder que el seguimiento de Jesucristo es un camino exigente pero el único que nos hace felices, porque su Evangelio es la ruta del amor que es entregarse sin medida, totalmente. Nada llena tanto nuestro corazón como amar con autenticidad.
lunes, 4 de octubre de 2010

Dijo el Señor a sus discípulos: «Si tu hermano peca, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo. Y si peca siete veces al día contra ti, y otras tantas vuelve a ti, diciendo: "Me arrepiento", perdónalo».Los Apóstoles dijeron al Señor: «Auméntanos la fe». Él respondió: «Si ustedes tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, y dijeran a esa morera que está ahí: "Arráncate de raíz y plántate en el mar", ella les obedecería.Supongamos que uno de ustedes tiene un servidor para arar o cuidar el ganado. Cuando éste regresa del campo, ¿acaso le dirá: "Ven pronto y siéntate a la mesa"? ¿No le dirá más bien: "Prepárame la cena y recógete la túnica para servirme hasta que yo haya comido y bebido, y tú comerás y beberás después"? ¿Deberá mostrarse agradecido con el servidor porque hizo lo que se le mandó?Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les mande, digan: "Somos simples servidores, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber"».
Evangelio del Dìa 3 de Octubre.

Meditación-contemplación“Si tuvieras fe como un granito de mostaza...”Si la confianza no es absoluta y total no es confianza.El mayor enemigo de la fe-confianza son las creencias,Porque exigen la confianza en ellas mismas,y así asesinan la posibilidad de anclar tu ser en Dios......................
Tener fe no es esperar que las cosas cambien.Tener fe es encontrar a Dios en las peores circunstancias.Tener fe es ser capaz de bajar lo suficiente al fondo de mí mismo,para anular el efecto negativo de cualquier limitación............................
Descubrir lo que es Dios es confiar absolutamente.Es descubrir mi propio ser y también el ser de los demás.Es valorar la Vida más allá de los límites de la vida.Es desplegar lo más genuino de mí, conectado con Dios.....................
sábado, 2 de octubre de 2010
Intenciòn misionera para el mes de octubre...

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